El ALBA tiene como objetivo ser un modelo de integración de los Pueblos del Caribe y América Latina quienes comparten espacios geográficos, vínculos históricos y culturales, necesidades y potencialidades comunes. Que surge como una alternativa al modelo neoliberal, el cual no ha hecho más que profundizar las asimetrías estructurales y favorecer la acumulación de riquezas a minorías privilegiadas en detrimento del bienestar de los pueblos.

El ALBA se fundamenta en la creación de mecanismos para fomentar ventajas cooperativas entre las naciones que permitan compensar las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Intenta atacar los obstáculos que impiden la verdadera integración como son la pobreza y la exclusión social; el intercambio desigual y las condiciones inequitativas de las relaciones internacionales, el acceso a la información, a la tecnología y al conocimiento; aspira a construir consensos, para repensar los acuerdos de integración en función de alcanzar un desarrollo endógeno nacional y regional que permitió la Instalación de la V Asamblea General de la Confederación Parlamentaria de las Américas el 25 de noviembre de 2003 para que erradique la pobreza, corrija las desigualdades sociales y asegure una creciente calidad de vida para los pueblos. En ese sentido, la construcción del ALBA en el Caribe busca afianzar el desarrollo endógeno, soberano y equilibrado de los países de la región.

Su principio está basado en la cooperación de fondos compensatorios para corregir las disparidades que colocan en desventaja a los países de menor desarrollo frente a los desarrollados. Por esta razón la propuesta del ALBA le otorga prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación en bloques sub-regionales, abriendo nuevos espacios de consulta a los fines de profundizar el conocimiento de nuestras posiciones e identificar espacios de interés común que permitan constituir alianzas estratégicas y presentar posiciones similares en el proceso de negociación.

El ALBA es una propuesta enfocada enconstruir consensos que conlleven a repensar los acuerdos de integración en función de alcanzar un desarrollo endógeno nacional y regional que contribuya a suprimir la pobreza, corrija las desigualdades sociales y asegure una creciente calidad de vida para los pueblos. La propuesta del ALBA se suma al despertar de la conciencia expresada en la emergencia de un nuevo liderazgo político, económico, social y militar en América Latina y el Caribe; hoy más que nunca, conviene relanzar la unidad latinoamericana y caribeña.

PRINCIPIOS RECTORES DEL ALBA

La integración neoliberal prioriza la liberalización del comercio y las inversiones, en cambio la Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA) es una propuesta que centra su atención en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. En la propuesta del ALBA se le otorga una importancia crucial a los derechos humanos, laborales y de la mujer, a la defensa del ambiente y a la integración física.

La lucha contra las políticas proteccionistas y los ruinosos subsidios de los países industrializados no puede negar el derecho de los países pobres de proteger a sus campesinos y productores agrícolas. Para los países pobres donde la actividad agrícola es fundamental, las condiciones de vida de millones de campesinos e indígenas se verían irreversiblemente afectadas si ocurre una inundación de bienes agrícolas importados, aún en los casos en los cuales no exista subsidio.

La producción agrícola es mucho más que la producción de una mercancía, es la base para preservar opciones culturales, es una forma de ocupación del territorio, define modalidades de relación con la naturaleza, tiene que ver directamente con la seguridad y autosuficiencia alimentaria. En estos países la agricultura es, más bien, un modo de vida y no puede ser tratado como cualquier otra actividad económica.

ALBA tiene que atacar los obstáculos a la integración desde su raíz, a saber: a. La pobreza de la mayoría de la población; b. Las profundas desigualdades y asimetrías entre países; c. Intercambio desigual y condiciones inequitativas de las relaciones internacionales; d. El peso de una deuda impagable; e. La imposición de las políticas de ajuste estructural del FMI y el BM y de las rígidas reglas de la OMC que socavan las bases de apoyo social y político; f. Los obstáculos para tener acceso a la información, el conocimiento y la tecnología que se derivan de los actuales acuerdos de propiedad intelectual; y, g. Prestar atención a los problemas que afectan la consolidación de una verdadera democracia, tales como la monopolización de los medios de comunicación social.

Otro de los principios del ALBA es enfrentar la llamada Reforma del Estado que sólo llevó a brutales procesos de desregulación, privatización y desmontaje de las capacidades de gestión pública.

Como respuesta a la brutal disolución que éste sufrió durante más de una década de hegemonía neoliberal, se impone ahora el fortalecimiento del Estado con base en la participación del ciudadano en los asuntos públicos. Hay que cuestionar la apología al libre comercio, como si sólo esto bastara para garantizar automáticamente el avance hacia mayores niveles de crecimiento y bienestar colectivo. Sin una clara intervención del Estado dirigida a reducir las disparidades entre países, la libre competencia entre desiguales no puede conducir sino al fortalecimiento de los más fuertes en perjuicio de los más débiles.

Busca profundizar la integración latinoamericana, que requiere una agenda económica definida por los Estados soberanos, fuera de toda influencia nefasta de los organismos internacionales.

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EL ALBA EN EL CARIBE

El ALBA adquiere una dimensión especial en el Caribe por la existencia de condiciones objetivas que permitirían avanzar rápidamente en el proceso de integración a través del desarrollo de un programa de cooperación integrado y consistente, orientado a construir las bases del desarrollo socioeconómico sostenible y la consolidación de una comunidad de naciones.

Destaquemos, entonces, que las propuestas del ALBA para el Caribe no pretenden entrar en conflicto con los acuerdos multilaterales o subregionales existentes, sino que, por el contrario deben ser asumidos como complementarios.

Por ello, las iniciativas deben mantener una visión sistémica e integradora, tomándose en cuenta la complejidad de los procesos y la inseparabilidad de las dimensiones política, social, económica, cultural, ambiental, de seguridad y soberanía de los pueblos del Caribe.

El Caribe es un reservorio de riquezas energéticas, acuícola y es rica en yacimientos de minerales estratégicos. Se trata de una región llamada a convertirse en una potencia turística mundial y de prestación de servicios marítimos por su ubicación geoestratégica. Es una zona de amplio y rico perfil cultural y étnico. Además, la comunidad de naciones caribeñas ostentan un peso político importante en organismos multilaterales internacionales como la ONU y la OEA y que le valen una importante capacidad de negociación a la hora de la toma de decisiones. Sin duda, todas estas capacidades se potenciarían en el marco de un proceso de integración como el que propone el ALBA.

El Caribe es un mercado relativamente pequeño, de 36.25 millones de habitantes. Sumando a la CARICOM (15,7 millones), Cuba (11.3 millones) y República Dominicana (9,1 millones): la región alcanza los 62,8 millones de habitantes, si incluimos a Venezuela; el PIB de la región alcanza los 80.000 MM USD de los cuales el 36.25% (28.000 MMUSD) es aportado por los 15 países integrantes de la CARICOM y el restante 63.75% (52.000 MM USD) por Cuba y República Dominicana. Encontramos desventajas en el hecho de que los países del Caribe han presentado siempre balanzas comerciales de bienes deficitarias y en la circunstancia de que el comercio intrarregional es bajo por cuanto las exportaciones representan el 11.75% del total exportado y las importaciones el 5.15%. En efecto, el 71% de las exportaciones de la región, tienen como destino Norte América y Europa, sólo un 12% va a Centro América y un 4% a Sur América. Los sectores que arrojan mayores índices de exportación son: productos minerales (Incluye petróleo y sus derivados), textiles, productos químicos, manufacturas diversas, bebidas, alimentos y metales comunes.

Debemos destacar que existen potencialidades de complementariedad y sustitución de importaciones provenientes de terceros países, por productos elaborados intrarregionalmente, por cuanto existen sectores demandados que tienen producción intrarregional, pero que son comercializados con terceros países. Por las razones apuntadas, podemos concluir que existe un gran reto, así como amplias oportunidades para el desarrollo y la profundización del comercio intrarregional, que permitiría llevar a cabo una sustitución eficiente de importaciones provenientes de terceros países, por productos de origen intrarregional.

Sin duda, tal como hemos señalado los sectores correspondientes a “Productos Minerales”, “Metales Comunes” y “Turismo”, presentan una mayor potencialidad de desarrollo y complementariedad entre los países del Caribe debido a las ventajas comparativas aportadas por cada una de las partes.

En materia social también podemos afirmar que existen necesidades y metas comunes por cuanto todos los países de la región requieren contribuir al desarrollo de los niveles de la Educación Básica, complementar la primaria y superar las deficiencias en educación terciaria, la cual ha sido históricamente baja en el Caribe, así como los promedios de escolaridad. La materia de salud, igualmente, reconoce desafíos comunes: el Caribe es la zona después de África Subsahariana más afectada por el SIDA.

La propuesta del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, constituye un hecho histórico y trascendente que enraizado en los sueños de integración de nuestros próceres, busca proporcionar una verdadera opción de desarrollo y un camino prospero al futuro de Latinoamérica y el Caribe. ◊

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