AMÉRICA LATINA EN EL ACUERDO ESTRATÉGICO TRANSPACÍFICO DE ASOCIACIÓN ECONÓMICA

En el año 2005, Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur firmaron el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés), el cual entró en vigor en 2006 y hoy en día se lo conoce como Acuerdo P4. Lo primero que debe destacarse es que este acuerdo constituye el primer Tratado de Libre Comercio (TLC) que involucra a tres continentes.

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I. INTRODUCCION

Es importante tener en cuenta que este TLC vincula a cuatro economías pequeñas y abiertas con bajos niveles de comercio entre sí1. Tres años después de la entrada en vigencia del TPP, el interés por dicho acuerdo se incrementó, ya que en noviembre de 2009 el presidente Barack Obama anunció que los Estados Unidos negociarían con los países del TPP “con el objetivo de forjar un acuerdo regional que cuente con una amplia base de miembros y los altos estándares dignos de un acuerdo comercial del siglo XXI. Las negociaciones para ampliar el TPP se iniciaron en marzo de 2010, y desde entonces hubo siete rondas de negociación. A este proceso se incorporaron también Australia, Perú, Vietnam y (desde octubre de 2010) Malasia, llevando el número de participantes a nueve, todos ellos miembros del Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC). Otros países de América Latina y Asia expresaron su interés de incorporarse a las negociaciones.

Por lo tanto, el TPP es considerado el acuerdo de libre comercio más grande e importante que se está negociando en la actualidad en el mundo. Dicho tratado busca establecer el libre comercio entre todas esas economías con costas en el Océano Pacífico, que en su totalidad compone un mercado de 420 millones de personas. A diferencia de otros tratados comerciales de carácter “cerrado”, este tratado tri-continental se encuentra abierto a cualquier país del Arco del Pacifico que solicite ser considerado miembro y que esté dispuesto a cumplir las normas del acuerdo del TPP, que no está sujeto a cambios ni dispensas para nuevos miembros.

Dada la configuración actual del acuerdo transpacífico, a pesar de no ser un miembro firmante original, Estados Unidos es el país dominante, por lo que China no es parte de él, y debido a sus diferencias en cuanto a política comercial con la primera económica del mundo, parece difícil que pudiera serlo.

En este escenario, según el analista Sagastizabal, “la participación china luce difícil considerada desde ambos lados. Desde la perspectiva china, ésta sostiene, por un lado, que Estados Unidos regresa al Pacífico para limitar el crecimiento económico chino y acotar su potencial influencia militar en el ámbito regional, y por otro lado que no está dispuesta a cumplir normas impuestas por otros. Visto desde la contraparte, Estados Unidos apuró la conclusión del acuerdo en general de modo que los potenciales nuevos miembros tendrán que aceptar sus normas como están, algunas de las cuales están hechas a la medida de Estados Unidos, y no dejan resquicios para el ingreso del gigante asiático”2.

Presentados los lineamientos generales del TPP, el objetivo de este artículo es analizar, en primer lugar, las principales características del tratado, y luego, el papel de América Latina en el mismo. Por último se presentarán las perspectivas de mediano plazo del acuerdo.

II. CARACTERÍSTICAS DEL TPP

Con la firma del TPP en el año 2005 se estableció un área de libre comercio entre los cuatro países del P4 sin exclusiones de productos3. Asimismo, se incluyeron capítulos sobre comercio de servicios, compras públicas, propiedad intelectual, política de competencia y solución de controversias, entre otras materias, así como un Acuerdo de Cooperación Ambiental y un Memorando de Entendimiento sobre Cooperación Laboral.

En tanto, temas que no habían sido incluidos en el acuerdo original, tales como inversiones y servicios financieros, comenzaron a negociarse en 2008, y en las actuales negociaciones de ampliación de miembros, se encuentran ya como puntos a tratar.

A diferencia de los típicos TLC, los cuales se concentran netamente en cuestiones comerciales, el TPP va más allá de ellos e incorpora cuestiones referidas a economía, tecnología, ciencia y cooperación internacional.

Su otra característica destacada es que “tiene la meta explícita de apoyar el proceso para alcanzar el libre comercio de bienes, servicios e inversiones dentro del APEC en 2020, según lo acordado por los líderes de este foro en 1994 en Bogor, Indonesia (las llamadas Metas de Bogor). Para ello, el preámbulo del TPP afirma el compromiso de los países miembro para promover la adhesión de otras economías al acuerdo. Asimismo, el artículo 20.6 establece que tanto miembros como no miembros del APEC pueden unirse al TPP”4.

No obstante, a pesar del peso relativo de los países asiáticos, debe destacarse que los Estados Unidos tienen especial interés de participar en este TPP con el fin de neutralizar la creciente presencia de China en la región Asia-Pacífico. De esta forma, EE.UU se garantizaría formar parte de una “comunidad transpacífica”, impidiendo el total dominio del gigante asiático en la región más dinámica de la economía global.

Con los Estados Unidos como economía dominante, al TPP se han introducido cuestiones que benefician principalmente a dicha economía. Estas cuestiones pueden desagregarse en:

· Cuestiones básicas: acuerdos de comercio tradicionales, incluidos el comercio de bienes industriales, productos del agro y textiles, así como normas de propiedad intelectual, obstáculos técnicos al comercio, trabajo y medio ambiente.

· Cuestiones transversales: no formaban parte de acuerdos de comercio previos, como la compatibilización de sistemas regulatorios de los países miembros de la TPP para que las empresas estadounidenses puedan operar sin tropiezos en los mercados de la TPP y asistencia para que las pequeñas y medianas empresas innovadoras que crean trabajo participen de forma más activa en el comercio internacional.

· Nuevas cuestiones comerciales emergentes: comercio e inversiones en productos y servicios innovadores, incluidas las tecnologías digitales y mecanismos para garantizar que las empresas de propiedad estatal compitan de manera equitativa con empresas privadas. Así se evita que se distorsione la competencia para que las empresas y trabajadores estadounidenses no queden en desventaja.

Por otra parte, y dejando de lado las cuestiones estratégicas de los firmantes, debe considerarse que desde su gestación, se han llevado a cabo nueve rondas de negociaciones, en las cuales el principal objetivo ha sido la elaboración de un marco que permita establecer, en el futuro, el TPP. Esto sería inédito y, además, el más grande TLC existente en el mundo.

En este contexto, parece irreversible el proceso de integración económica que se viene realizando hace cerca de tres décadas en la región Pacífica. Al respecto, las proyecciones aún no tienen techo: en esta zona se encuentran las principales potencias económicas del mundo, salvo la Unión Europea. Por lo mismo, los países emergentes de América Latina y del Sudeste Asiático son los más entusiasmados con esta unión, ya que les podría permitir controlar gran parte del comercio mundial.

III. AMÉRICA LATINA EN EL TPP

Debido a la orientación exportadora de los países latinoamericanos, y con ello de los últimos tiempos hacia los TLC, además de Chile y Perú (miembros del TPP), en el cono sur se debería tener en cuenta el potencial ingreso de Colombia. También podrían ingresar los países con costas en el Océano Pacífico de Centroamérica (Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, El Salvador) y México, quien ya presentó sus intenciones de unirse a dicho acuerdo tri-continental.

No obstante, dependiendo de la inserción internacional en general, y con Asia Pacifico en particular, el rol de las economías de América Latina es muy diferente de cara a su participación en el TPP. En el caso de Chile y Perú, ambas economías andinas se caracterizan por ser importantes exportadores de productos básicos, en especial mineros, hacia la región asiática.

En el extremo opuesto se sitúan México y la mayoría de los países centroamericanos –excepto Costa Rica– para los cuales el mercado asiático como destino de sus exportaciones no solo tiene una importancia marginal, ya que sus ventas externas (en su mayoría de productos manufacturados) están orientadas hacia los Estados Unidos, sino que también constituye un fuerte competidor.

Sin embargo, la importancia de Asia Pacífico no puede ignorarse. Para ilustrar el panorama de la región, “en 2010 el grupo de la ASEAN+3 abarcó el 46% de las exportaciones totales chilenas, un 13% de las costarricenses, un 9% de las colombianas y un 5% o menos para los otros siete países. La dispersión es mucho menor en las importaciones, con una participación del grupo ASEAN+3 que fluctuó entre 8% (Honduras) y 31% (Chile y México)5”.

No obstante, tanto Chile como Perú –países con un fuerte sesgo exportador hacia la región– ya poseen numerosos acuerdos de libre comercio con los países de Asia Pacífico, y también con los Estados Unidos. Por lo tanto, hoy en día el TPP no ofrece a ambos países nuevos mercados. El resto de los países que podrían formar parte del acuerdo, poseen escasos vínculos comerciales con los mercados asiáticos, pero ya poseen TLC con los Estados Unidos, su principal mercado de destino.

El atractivo principal de formar parte del TPP para los países con costas al Pacifico de América Latina es la potencial incorporación de otros países de Asia, como Corea y Japón6. Por lo tanto, en el escenario actual, se ven muy pocas ganancias en acceso a mercados, aunque los países pueden explotar otros beneficios, no ligados estrictamente a cuestiones comerciales.

En este contexto, la importancia de la integración entre ambas regiones reside en la fortaleza de las mismas, y debe destacarse que América Latina y Asia son dos regiones que han resistido la crisis económica internacional. Algunas cifras macroeconómicas de nuestra región pueden presentar un cuadro más acabado de la situación: han tenido una tasa promedio de 4,3% de crecimiento económico en 2011 y han registrado niveles record de entrada de capital por 354.000 millones de dólares. Gracias a los precios de las materias primas, las prudentes políticas económicas y programas sociales, el porcentaje de personas en la región que viven en la pobreza siguió bajando, cayendo a cerca de 30,4%. El desempleo urbano también cayo, hasta el 6,9%.

En tanto, en el mismo período, la región de Asia-Pacífico es un motor clave del crecimiento económico mundial, representando aproximadamente la mitad de todos los flujos de comercio internacional, lo que lo hace estratégicamente importante para los países de América Latina.

Debe destacarse que el aumento del comercio con Asia ha reducido la vulnerabilidad de América Latina a la desaceleración económica de los Estados Unidos y Europa. En 1990, el 60% del comercio regional fue con los Estados Unidos y sólo el 10% fue a Asia, hoy en día sólo el 40% del comercio latinoamericano es con los Estados Unidos y el 20% es con Asia.

No obstante, dentro de los resultados adversos para la región deben mencionarse la preocupación por los resultados en propiedad intelectual, ya que los Estados Unidos quieren introducir cuestiones ligadas a la ley SOPA, y otras disciplinas, y, en especial, la preocupación por el impacto en vínculos de América Latina con China, que dado el rol dominante de Estados Unidos en el TPP, quedó excluida, y difícilmente se integre al mismo.

A modo de ejemplo de la importancia del gigante asiático para la región, se puede citar que “mientras que en 2009 las exportaciones de América Latina y el Caribe a los Estados Unidos y la Unión Europea se redujeron un 26% y un 29%, respectivamente, las destinadas a Asia cayeron solo un 4% y las dirigidas a China aumentaron un 11%. Estos datos no solo ratifican la creciente importancia que ha adquirido China como destino de las exportaciones de la región sino que también explican parte de la resiliencia con que ésta pudo abordar la crisis internacional y su dinámica recuperación tras la crisis”7.

Las cifras de 2010 indican que “tanto las exportaciones como las importaciones chinas han continuado a la cabeza del crecimiento comercial de la región. (…) Las exportaciones regionales a China crecieron un 51% en 2010, casi duplicando el crecimiento de estas con el mundo y con la propia región. En lo que respecta a las importaciones, aquellas provenientes desde China crecieron un 48%, superando por más de 15 puntos a las totales y por más de 20 a las de los Estados Unidos o la Unión Europea”8.

De los datos previos surge el dilema para los países que tengan fuertes vínculos comerciales y además se unan al TPP, ¿cómo “balancear” su posición en ambos espacios internacionales?

IV. PERSPECTIVAS

Dado que aun el tratado se encuentra en negociaciones, las perspectivas que pueden ofrecerse son prospectivas, y dependerán, en el momento de la implementación del TPP, de la configuración que el tratado adquiera. En primer lugar, debe considerarse que existen varias cuestiones que hacen que las negociaciones del TPP sean de gran interés.

Deben destacarse el dinamismo en materia económica-comercial de la región de Asia Pacífico y la importancia estratégica que le ha asignado la administración Obama a dicho acuerdo.

Desde el punto de vista de América Latina, los países que ya forman parte del TPP –Chile y Perú– tendrán ganancias marginales en cuanto a acceso a mercados, dado que la dinámica exportadora de ambos países ya los había llevado a firmar otros tratados de libre comercio con los países que conforman el acuerdo tri-continental. En cambio, el resto de los países latinoamericanos interesados en sumarse a dicho tratado, si podrían tener mayores ganancias, siempre y cuando estén dispuestos a considerar a la región de Asia Pacífico como un importante destino para el intercambio de bienes y servicios. No obstante, los resultados y la relevancia del TPP se medirán por su aporte a la diversificación exportadora de América Latina a Asia.

No obstante, debe considerarse, en términos de ganancia del comercio, que Canadá, Japón y México hicieron públicas sus intenciones de adherirse a este pacto, siendo el gobierno nipón el que avanzó más en este asunto y ya se mostró dispuesto a comenzar las negociaciones con los nueve miembros del Acuerdo de Asociación Transpacífico.

Frente a este escenario potencial, esto último adquiere gran relevancia, pues en caso de consolidarse los ingresos de Canadá, Japón y México, el P4 contemplará cerca del 40% del comercio mundial y tendrá un mercado con más de 800 millones de consumidores. Hoy, el Acuerdo de Asociación Transpacífico ya representa el 29,8% del comercio mundial. Las proyecciones, sin duda alguna, son grandes, ya que en este acuerdo aún no han sido incluidos, entre otros, potencias como China, Corea del Sur y Rusia, y economías emergentes como Indonesia.

La variedad de sus integrantes, además, hace que estén involucradas todas las materias primas y los productos de exportación e importación más importantes del mundo. Sólo por mencionar algunos, aparecen el petróleo, el gas, el cobre, la agricultura, la industria pesada, la pesca y el turismo.

Sin embargo, los estados involucrados deberán estar atentos a posibles nichos de conflictos. Básicamente, se trata de tres asuntos. Primero, encontrar un mecanismo que permita converger, sin grandes problemas, la postura de grandes potencias hegemónicas como China, Estados Unidos y Rusia. Aquí debe tenerse en cuenta que aunque el principal análisis se ha centrado en la relación América Latina-Asia Pacífico, los Estados Unidos tendrán un rol preponderante en el TPP, y está claro que su interés estratégico puede ser analizado desde dos puntos de vista: defensivo u ofensivo. El carácter defensivo de la economía del norte se puede atribuir a la necesidad de construir un contrapeso a un bloque puramente asiático, mientras que el ofensivo está relacionado con el avance gradual hacia un espacio de libre comercio transpacífico.

En este contexto, los países de América Latina que participan en las negociaciones de TPP, o que están considerando unirse a ellas, deben considerar el valor estratégico que le asignan los Estados Unidos a dicho acuerdo, y el papel marginal que juega la región. No deben ignorar el rol de China en las economías latinoamericanas, antes de tomar una posición de la que tarde o temprano puedan arrepentirse.

Por otra parte, es necesario un análisis que va más allá de meras cuestiones económico o comerciales, sino que es necesario ver hasta qué punto es viable la generación de un acuerdo que involucre a países que tienen problemas limítrofes o políticos. Es el caso, por ejemplo, de China y Taiwán, o la lucha que mantienen diversas naciones asiáticas por el mar territorial y algunas islas del Océano Pacífico.

Por último, habrá que poner atención a la situación de los derechos humanos, pues si les interesa que esto tenga una base “ética”, entonces deberían revisar a fondo lo que ocurre en estados como China, Ecuador, Estados Unidos, Rusia y Vietnam.