Cualquiera sea el candidato vencedor en las próximas elecciones presidenciales, el 10 de diciembre, finalizará el ciclo político de los últimos 12 años.

Si el triunfador resulta ser Daniel Scioli, se estima que habrá más continuidad que cambios a nivel político y económico, por lo que es probable que la economía continúe sin “despegar”, debido al diseño electoral realizado por el Frente para la Victoria (FPV), con un fuerte peso de La Cámpora en lugares estratégicos.

En tanto, si el elegido termina siendo Mauricio Macri, aunque durante los primeros meses de gestión no se realizarán grandes modificaciones, con el tiempo se llevarán a cabo los ajustes macroeconómicos necesarios para que la economía retome la senda de crecimiento abandonada durante los últimos años, la cual coincidió con las fuertes intervenciones estatales en todos los mercados. El resto de los candidatos, a esta altura de las circunstancias, ya se encuentran sin chances de ocupar el sillón de Rivadavia.

Si bien, durante la última década el kirchnerismo se benefició del contexto internacional super favorable, no ha podido aprovechar y capitalizar el “viento de cola”, sino que los recursos extraordinarios generados en este período se han dilapidado en la “fiesta populista”. Los primeros años de gobierno vinieron tras la crisis, por lo cual el país, que comenzaba a salir adelante, notó mejorías. Sumado a esto, los buenos precios de los commodities generaron ventajas indiscutibles en términos de balanza de pagos; el crecimiento de la economía China funcionó como un aliado en términos de exportación argentina. Sin embargo, como resultado del inapropiado manejo de los resultados del sector externo, la economía hoy se encuentra estancada, con fuertes distorsiones en las principales variables macroeconómicas y la situación, lejos de mejorar, necesita reajustes de manera urgente.

En este escenario, se analizará la economía que viene en el 2016, partiendo de un diagnóstico del contexto interno y externo y se presentarán proyecciones de las principales variables, para los distintos proyectos políticos con posibilidades de asumir el Ejecutivo Nacional en diciembre.

EL MUNDO YA NO ES LO QUE ERA…

Atrás quedó el contexto internacional favorable que permitió sostener en pie el modelo “populista”, llevado adelante por el kirchnerismo: bajas tasas de interés internacionales y Brasil y China, principales destinos de las exportaciones argentinas, creciendo a altas tasas. En la actualidad, la tendencia se ha revertido. China continúa desacelerándose y en agosto, devaluó su moneda más del 5%; Brasil entró en recesión técnica y el real sigue ajustándose, “rompiendo”, en septiembre, la barrera de los 3,70 reales / dólar, mientras EE.UU. se apresta a subir su tasa de interés de referencia.

En primer lugar debe destacarse la actual situación de China, segundo socio comercial del país y principal destino de los productos primarios. El nivel de su actividad económica mundial cada vez crece a menores tasas, por lo que su menor demanda impacta negativamente sobre los productos argentinos, tanto a través de los menores volúmenes adquiridos, como así también por la presión a la baja que ejerce esta reducción de la demanda sobre los precios internacionales de los commodities.

Esta debilidad del gigante asiático llevó al país a devaluar el yuan frente al dólar más de un 5% a finales de agosto, buscando impulsar las exportaciones y potenciar el nivel de actividad, el cual comenzó a desacelerarse cuando la economía se reorientó al mercado interno. Como efecto de la corrección cambiaria, en Argentina el abaratamiento de productos chinos presionará más a la baja a las exportaciones locales e impulsará las importaciones, sumándose el atraso cambiario de nuestra economía, lo que potencia los efectos negativos.

Así mismo, un menor valor del yuan respecto al dólar impacta sobre las reservas internacionales, debido a que más del 25% de las mismas se encuentran colocadas en esta divisa, a través de los swap firmados por los bancos centrales de ambos países.
Argentina no es la única afectada por dicha corrección cambiaria. Cambios en el contexto externo, sumado a factores internos, posiblemente fuercen a una pérdida de valor de algunas de las monedas de América Latina. En Brasil, principal socio comercial y primera economía de la región, el real se está depreciando, por factores exclusivamente de mercado y la devaluación del yuan podría profundizar aún más el ajuste al alza de la moneda brasilera, la cual en septiembre de 2015 acumulaba una caída de casi el 50% (desde que Dilma Rouseff ganó las elecciones en 2014) y más del 37% en 2015 superando la barrera simbólica de los 3,8 reales / dólar, el menor valor desde el año 2002.

Al panorama desalentador, en medio del escándalo por las denuncias de corrupción que enfrenta el gobierno de Rousseff, se agregaron los datos dados por el Banco Central de Brasil, que confirman que la primera economía de Latinoamérica ha ingresado en recesión técnica. Un dolor de cabeza adicional para la producción argentina: una economía con menor dinamismo adquiere menor cantidad de bienes y servicios producidos en nuestro país.

Analizando las relaciones comerciales con estos dos países, debe destacarse el crónico déficit comercial de Argentina con ambos, debido a la existencia de relaciones comerciales muy asimétricas con nuestro país, tanto por el tamaño y escala de mercado, como así también por productos intercambiados, lo que genera una fuerte dependencia y añade volatilidad a una economía muy inestable.

La contracción monetaria de EE.UU. agrega una presión adicional a los países emergentes, entre los que se incluyen China, Brasil y Argentina

Además de lo mencionado, hay que agregar el movimiento que realice la Reserva Federal con la tasa de interés de referencia de los EE.UU. Si bien, durante los últimos meses, el banco central de la primera economía mundial ha realizado correcciones en sus mercados financieros y el dólar se encuentra en una fase de fortalecimiento, aún no ha ajustado la tasa que se ubica en los niveles mínimos luego de la crisis económica de 2008.

Desde la Fed declararon, en varias oportunidades, que a corto plazo comenzará la normalización de la política monetaria estadounidense, debido a que tanto el nivel de actividad como el mercado laboral se encuentran cercanos a las metas del ente emisor y una extensión de la tasa de interés, en valores cercanos a cero, podrían enviar a la economía a un escenario de deflación. El impacto será tanto directo, como indirecto a través de nuestros dos principales socios comerciales. Sin embargo, aunque el mercado espera la suba de tasas, la Fed no tiene decidido si realizar el primer incremento desde 2008, ya que pese a los datos favorables de la economía, la inflación aún se encuentra por debajo del 2%. A partir del último informe de la autoridad monetaria, se descuenta que será a finales de este año.

…y se sienten los desequilibrios macroeconómicos

El actual contexto en la Argentina es de alta inestabilidad económica. Además de convivir con una crisis inflacionaria producto de la emisión monetaria (+40% interanual) sin la demanda de dinero correspondiente para respaldar el valor de esa moneda, el país se encuentra en un escenario de bajo nivel de actividad, lo que se denomina “estanflación”.

La actual administración utiliza al Banco Central (BCRA) como fuente de financiamiento del déficit del Tesoro, ya que el aumento del gasto público supera, ampliamente, al alza de los recursos del Estado: mientras el gasto “cerrará” 2015 creciendo por encima del 40%, los ingresos tributarios apenas se expandirán en torno al 28-30%, lo que dará lugar a un “rojo fiscal” en torno a los 6%-7% del PBI. Este “nuevo rol”, que el BCRA ha sido forzado a asumir, va en contra de la Carta Orgánica de la entidad, donde se establece su autarquía e independencia respecto a los poderes de gobierno, así la autoridad monetaria se encuentra sujeta a constantes emisiones de circulante para paliar el abultado y creciente déficit fiscal del Ejecutivo. La emisión desmedida produjo crecientes presiones inflacionarias por encima del 25%, durante los últimos cuatro años (con un pico de 38% durante 2014), las cuales desvalorizaron de manera continua la moneda doméstica.

Este menor valor de moneda resultado de una inflación en ascenso, erosiona los salarios en términos reales de los trabajadores y da lugar a que se produzcan nuevos reclamos salariales, los que se traducen en mayores costos de producción y debido a que los empresarios no desean bajar sus niveles de ingreso, estos mayores costos se trasladan a los precios finales, de esta forma, la rueda inflacionaria continúa rodando sin la implementación de políticas adecuadas para frenarla. Por otra parte, estos incrementos salariales no son neutrales, sino que tienen efectos en los niveles de empleo, en un modelo económico en que ya alrededor del 20% de la población se encuentra bajo algún plan de ayuda estatal.

De esta forma, durante los últimos años, los aumentos en los costos salariales y el estancamiento del nivel de actividad llevaron a la reducción de puestos de trabajo, por parte de algunas empresas que no pueden mantener los niveles salariales exigidos y sus costos asociados.

Es por eso que, en la actualidad, el Estado se encuentra con una población de desempleados creciente y una reducción en la cantidad de trabajadores que aportan al sistema, en un contexto en el que Argentina tiene de por sí, un alto porcentaje de trabajo en negro (33%, 1 de cada 3 trabajadores), problema que hasta hoy no ha podido solucionar.

En términos de desequilibrios, a nivel interno, es importante destacar la evolución del sector industrial, socavado por la falta de inversión empresarial local y por la retirada de numerosas empresas transnacionales ante la delicada coyuntura que atraviesa la economía argentina.

El desequilibrio fiscal no permite que el BCRA funcione como protector de la moneda perdiéndose una herramienta política: la monetaria

La actividad industrial viene contrayéndose en términos interanuales desde el 2012, trayectoria que no logró revertirse con los años, pese a la intervención del INDEC respecto a las estadísticas publicadas. Según el Estimador Mensual Industrial (EMI), la industria cerró 2014 con un retroceso del -2,5%, y en lo que va de 2015 acumula una baja de -0,9%. Si bien el gobierno local atribuye este desempeño al contexto recesivo de Brasil, principal socio comercial del país, que finalizó el año pasado con una caída aún más pronunciada (-4,2% anual) y en 2015 el escenario industrial es aún peor (-8,5%), no hay que olvidar ni quitar responsabilidad a los problemas internos.

El principal inconveniente de la economía local es la estructura productiva orientada a la exportación de productos agropecuarios sin valor agregado que ocasionan los llamados “cuellos de botella” en la balanza de pagos, con un sector industrial que no logró desarrollarse, al punto de tener independencia de bienes importados para su normal funcionamiento y políticas poco efectivas, para impulsar y consolidar una industria fuerte; sumándose un contexto macroeconómico desfavorable, que ataca desde la baja del nivel de actividad; el creciente nivel de precios; la pérdida de competitividad doméstica; la progresiva “devaluación” del tipo de cambio diario encareciendo el componente importador, vital para una industria tan dependiente de estos insumos para su desarrollo; como desde la desaceleración de los principales socios comerciales, Brasil y China, en un contexto mundial complicado.

El atraso cambiario no es un factor menor ante los problemas que la economía enfrenta, si bien una depreciación de la moneda no repercute directamente en la competitividad de la economía, sí lo hace la apreciación del tipo de cambio real. En Argentina, el cepo ha ayudado a mantener los niveles nominales del dólar (hasta agosto, la cotización se incrementó un 10% anual y un 8% en lo que va del año), sin embargo, no se ha controlado el aumento de la inflación (27% anual hasta agosto y 13% acumulado en lo que va de 2015) y, por ende, la suba de los precios por encima de la tasa de depreciación afectó el valor de la tasa de cambio en términos de dólares.

De esta forma, la economía pierde día a día la capacidad de competir con el resto del mundo, en donde los costos laborales son menores (siendo que la producción doméstica es intensiva en este factor) y las monedas se encuentran perdiendo valor frente a un dólar más fortalecido.

Para dar muestra de esta dinámica, basta analizar un par de datos: en agosto de 2015 el tipo de cambio real multilateral, el cual se calcula respecto a una cesta de monedas de nuestros principales socios comerciales, se ubicó en 1,20$, el valor más bajo desde diciembre de 2001, mientras que si la paridad se calcula solo frente al dólar, en el mismo mes el tipo de cambio real se ubicó en 0,94 $/US$, por debajo del valor de la convertibilidad.

A este panorama, se añade la problemática de la restricción externa, resultado del atraso cambiario mencionado, analizada desde la perspectiva de las reservas internacionales, la cual arroja información sobre el “blindaje” de la economía a los shocks externos o las crisis de “suddenstop”. El escaso nivel de reservas muestra el poco margen de maniobra de la economía ante una crisis internacional, sin embargo, apelando a la contabilidad creativa, el BCRA ha sumado los swap con China, más los recursos adeudados a los importadores y a los bonistas y ha trasmitido una virtual calma a los mercados, a principio de año. A pesar de estos intentos, durante agosto y septiembre, la incertidumbre de los períodos electorales, más los agentes que perciben al dólar “ahorro” y “turista” como baratos, incrementó la demanda de dólares, en un contexto en el que la autoridad monetaria ya no cuenta con margen para administrar la escasez de divisas.

DEL 11-D EN ADELANTE: LOS AJUSTES NECESARIOS

Quien asuma la presidencia el 10 de diciembre deberá tomar decisiones difíciles para corregir los desajustes económicos que se acumularon en los últimos años. Una parte importante de este proceso es un ajuste en los salarios reales de los trabajadores y, si bien, esta medida resulta difícil de practicar, ya que no es bien vista por la población que busca no ver afectado su poder de consumo y que pretende estabilidad financiera, Argentina no deja de ser una sociedad con una cierta tolerancia a la inflación, acostumbrada a ajustes salariales año a año y a la “ilusión monetaria”, acompañada por estos mismos ajustes nominales.

En lo que refiere al retraso cambiario viene la dura tarea de la corrección del tipo de cambio. Si a partir de 2011 se hubiese realizado de manera ordenada y gradual, junto con la implementación de un plan antiinflacionario, hoy la historia sería otra. Muestra de la impericia del equipo económico tenemos el ejemplo de la devaluación llevada a cabo en enero de 2014, la cual no fue exitosa ya que al no ajustarse el resto de las variables, produjo un “pass-through”(traslado de la devaluación a precios) casi completo.

Si el próximo presidente tomó nota de los errores del pasado, antes de realizar una corrección nominal de la tasa de cambio deberá sincerar el resto de las variables nominales, implementando un plan antiinflacionario que tendrá como eje central corregir el creciente déficit fiscal. De esta manera, a pesar del costo inicial, se pueden vislumbrar los primeros signos de una macroeconomía tendiendo a la sustentabilidad de largo plazo.

En líneas generales, la nueva administración que asuma, deberá diagramar con cautela los ajustes que deben realizarse rápidamente en los principales agregados macroeconómicos, a fin de terminar con la inestabilidad reinante y encauzar a la economía en un sendero de crecimiento sostenido a largo plazo. Para esta misión es crucial que el BCRA vuelva a desarrollar su rol de preservar el valor de la moneda, administrando la política monetaria como mecanismo regulador del nivel de actividad, controlando el nivel de precios. Sumado a los ajustes en el mercado de trabajo, es vital diseñar una política industrial que profundice el proceso de desarrollo del sector en pos de reducir la dependencia de importaciones para su funcionamiento.

El reto más importante que enfrentará el futuro presidente estará asociado, indiscutiblemente, a esa variable que le permita a la República Argentina despegar económicamente y posicionarse como líder frente a sus vecinos, a partir de la competitividad.

Lo cual no deja de ser una ardua tarea, bastante difícil de lograr en países con alto grado de informalidad laboral, con poca inversión en investigación y en desarrollo, con mano de obra poco calificada, pero que constituye, finalmente, la principal falencia del país.

CONSIDERACIONES FINALES

El próximo gobierno tendrá como principales desafíos, no solamente frenar los niveles de inflación, sino también recuperar la competitividad y la confianza para las necesarias e importantes inversiones extranjeras. Allí, se podrán incluir el tipo de cambio, las reservas internacionales, los holdouts como relaciones con el exterior, entre otros temas de relevancia.

La clave no se encuentra en un cambio rotundo de políticas, sino en poder descubrir los puntos flojos para aceitar la maquinaria y generar desarrollo y crecimiento.

Es de suma importancia romper el esquema reinante de “dominancia fiscal”, para lograr recuperar la independencia del Banco Central respecto del Poder Ejecutivo. De esta manera, cada uno de los agentes podrá realizar sus tareas correctamente, caminando todos juntos hacia un mejor futuro, para un país que tiene cantidad de condiciones óptimas pero que, hasta el momento, no ha sabido cómo explotarlas. ◊


* Eliana Scialabba, Lic. en Economía (UBA), Posgrado en Economías Latinoamericanas, (CEPAL-NU), Santiago de Chile. Magíster (cand) en Economía Aplicada (UCA). Consultora, investigadora, docente UBA, UCES, UP, USAL, área de expertise: macroeconomía, economía internacional, economía industrial, política económica.
** Ligia Paoletti, Posgrado en Negociación. Magíster (cand) en Economía Aplicada (UCA). Docente USAL.
*** Mariana Scialabba, Lic. en Economía (UBA). Consultora, docente UBA, USAL, área de expertise: macroeconomía, economía industrial, economía internacional.

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* Eliana Scialabba, Lic. en Economía (UBA), Posgrado en Economías Latinoamericanas, (CEPAL-NU), Santiago de Chile. Magíster (cand) en Economía Aplicada (UCA). Consultora, investigadora, docente UBA, UCES, UP, USAL, UB, área de expertise: macroeconomía, economía internacional, industrial y política económica. ** Ligia Paoletti, Lic. en RR.II. (USAL). Posgrado en Negociación. Magíster (cand) en Economía Aplicada (UCA). Docente USAL. *** Mariana Scialabba, Lic. en Economía (UBA). Consultora, docente UBA, USAL, área de expertise: macroeconomía, economía internacional, medición del crecimiento económico.

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