CLAUDIA ERMENINTO: Médicos Sin Fronteras

Claudia Ermeninto lleva más de 25 años trabajando en el ámbito de la asistencia humanitaria, 20 de ellos en Médicos Sin Fronteras (MSF). Médica de profesión, Claudia trabajó en proyectos de la organización en Armenia, Benin, Cabo Verde, Colombia, República Democrática del Congo, Italia, México, Mozambique y Níger. El año pasado participó de la intervención por el brote de Ébola en República Democrática del Congo. "si tuviera que rehace mi vida lo volvería a elegir, lo haría de nuevo".

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En 2001, Claudia fue la encargada de abrir la oficina de MSF en Argentina, en un principio orientada al reclutamiento de profesionales para los proyectos en terreno. Actualmente, la médica cordobesa se desempeña como coordinadora de la red de apoyo para reclutamiento de recursos humanos en América del Sur de habla hispana de MSF. Desde su experiencia, busca difundir e informar sobre el proceso de selección de MSF y promover la postulación de profesionales sanitarios (médicos, prioritariamente con los perfiles más requeridos como cirujanos, anestesistas y ginecólogos, también enfermeras, psicólogos, farmacéuticos) y no sanitarios (administradores, logistas financieros, coordinadores de recursos humanos) en la región. En esta entrevista, Claudia reflexiona sobre su trabajo en el ámbito humanitario y nos cuenta más sobre el proceso para formar parte de MSF.

Desde tu experiencia, ¿qué es ser MSF?

Desde el punto de vista profesional y humanitario, trabajar con MSF para mí ha sido y es una forma humana de ejercer la medicina. En otros ámbitos no encontré la mirada que se tiene en este área, que implica otro modo de llegar al paciente. Ser médico sin fronteras no es solamente el acto médico sino que también implica el compromiso de poder asistir lo que se ve en el terreno, a víctimas de conflicto, de catástrofes naturales, de epidemias, a los nadies, a los sin voz. Muchas veces como actores de terreno no podemos tener una llegada directa a la población pero el solo hecho de estar ahí presente le da a la población seguridad. Para nosotros en MSF, el componente de lo profesional y de lo humano está ligado con el testimonio: podes dar voz a las víctimas y a los que más necesitan, que son los que no tienen acceso a la salud.

Me ha pasado estar en el Congo, en situación de crisis en el terreno, donde colegas de otras organizaciones se preguntaban “¿Qué hacen ustedes ahí?”. Más allá de que somos una organización más de ayuda humanitaria, MSF se caracteriza por estar en los lugares donde nadie más llega. Me enorgullece decir que trabajo en una organización así.

¿Cuándo comenzaste a trabajar con MSF y en qué tipo de contextos?

Yo empecé a trabajar con MSF en 1993. Me desempeñé en diferentes tipos de contexto en África, en América Latina y en Asia, sobre todo en proyectos ligados a la emergencia, epidemias, hambrunas, situaciones de guerra. También trabajé en atención a víctimas de desplazamientos, de migrantes y de personas excluidas del acceso a la salud.

Actualmente la mirada de MSF sigue puesta en los proyectos de emergencia, que es nuestra especificidad: intervenciones rápidas, donde llegamos y en el corto plazo ya estamos trabajando. También hay proyectos de mediano y largo plazo, en países donde vemos necesidades que podemos asistir por un determinado tiempo y que muchas veces luego son traspasados a actores locales.

¿Cuál fue el proyecto más desafiante en el que trabajaste con MSF?

Desde lo humano, a pesar de los años uno nunca deja de asombrarse y de sentir, no se endurece. El proyecto de Armenia de asistencia en salud mental en una situación social compleja, me impactó mucho porque llegué a mimetizarme con el dolor y el abandono que sufrían estos pacientes.

Otro tipo de contexto que me resultó muy desafiante fue el de las hambrunas. Aunque estuve en cuatro proyectos de este tipo, en Níger por ejemplo, estas muertes nunca dejan de doler. Ver morir niños por el hambre es el máximo exponente del dolor relacionado a la injusticia, me subleva.

Fuiste la encargada de abrir la oficina de MSF en Argentina, hace casi 12 años. ¿Por qué se eligió el país?

En el proceso de crecimiento, de acercarse cada vez más a la región para el reclutamiento de profesionales, desde las sedes operativas de Europa comenzó un proceso de expansión. Se eligió Argentina para abrir una oficina delegada de MSF España en Argentina, se crearon las bases y se comenzó a trabajar en sensibilización y de fidelización de recursos humanos, en crear lo que hoy llamamos una red para tener una llegada a los profesionales que buscábamos. En ese momento se buscaban solamente médicos. Hoy en día, diez años más tarde, la oficina ya está posicionada en Argentina y a nivel regional, y además de reclutar profesionales de manera proactiva también realizamos actividades de representación, de comunicación y de captación de fondos.

¿Qué hace falta para ser parte de MSF?

Nosotros buscamos personas; no es sólo una cuestión de requisitos formales, esos se pueden adquirir con algún tiempo de preparación. Buscamos una forma de ser, individuos con sensibilidad y con un fuerte compromiso social y humanitario. Cada uno tiene un porqué para trabajar en MSF, pero es una cuestión de creer en lo que uno hace y de tener una mirada social específica sobre la medicina que tiene que tener un valor fundamental.

En nuestro país y la región, encontramos profesionales muy valiosos; todavía se conserva esa chispa de cambio, de no conformismo. Eso define a la mirada de nuestros profesionales, valorada por gente de diferentes países. Siempre se destaca que son personas que se adaptan fácilmente a los diferentes contextos; eso facilita el trabajo y la vida en equipo.

Es importante destacar que la gran mayoría de los proyectos de nuestra organización se encuentran en África y, por lo tanto, uno de los requisitos importantes es tener un manejo del francés y/o inglés y por esto alentamos a nuestros candidatos que refuercen su nivel de idiomas.

¿Con qué se encuentra un profesional en el terreno?

En una primera misión, el profesional se encuentra con el impacto del cambio. Por más que a uno le expliquen, le cuenten y le vuelvan a explicar, ante semejante cambio siempre va a haber una sensación fuerte. Es imposible que no suceda.

Al llegar al terreno hay siempre un momento de adaptación que va ligado a un momento de crisis, cuando uno se pregunta “¿qué hago acá? ¿por qué vine y deje todo lo mío?”. Ahí se hace el primer paso de adaptación de la persona. Hay que saber que uno se va a encontrar siempre en un primer momento de exposición al cambio de la cultura, de los hábitos, los olores, los colores, las comidas. Y luego uno se prepara para saber que va a vivir y trabajar en ese contexto el tiempo que dure el contrato.

Desde el punto de vista profesional, hay un requisito de flexibilidad que siempre se pide, de capacidad de adaptación y de trabajo en equipo, porque es fundamental ser solidario, ser flexible y saber compartir. Cuando llegás el equipo te está esperando y te va a acompañar, pero está en uno tener la actitud de ser positivo. Y también queda en uno saber adaptarse a los recursos que tenemos para trabajar, que también es un cambio importante.