El proceso que se inicia en ese momento, continuó abriéndose lugar en los años siguientes; en 1964, tuvo lugar la Conferencia de la ONU para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) y el Grupo de los 77; en 1975, nace el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) con el objetivo de ser el centro de las acciones de la Cooperación Técnica entre Países en Desarrollo (llamada CSS) de la región. (Surasky; 2009).1

Para 1972, la Asamblea Gral. de la ONU estableció un grupo de trabajo sobre Cooperación Técnica entre Países en Desarrollo (CTPD). Sin embargo, recién en 1978, se celebra en la ciudad de Bs. AS. la Conferencia de las Naciones Unidas sobre este tema, donde resulta el Plan de Acción de Bs.As. (PABA), por el cual se propuso promover y realizar la Cooperación Técnica entre los Países en Desarrollo, significando el punto de inflexión, por lo que la CSS adquiere su actual naturaleza. (Ayllon; 2009).2

El Plan esbozaba los mismos tres objetivos estratégicos, que los países en desarrollo han tratado de alcanzar colectivamente, durante 60 años: fortalecer su interdependencia económica, social y política; acelerar el desarrollo y corregir las distorsiones en los sistemas internacionales, provocadas por las relaciones asimétricas de poder de la época colonial. Utilizando la aplicación del Plan para evaluar los progresos en la Cooperación Sur-Sur, es posible medir los progresos a nivel técnico y estratégico. (ONU; 2009).3

Hay que destacar que, el documento del Plan de Acción de Bs.As., responde a un contexto particular de cambio internacional. En esos años, los países descolonizados constituían una gran mayoría de Estados representando casi el 80% de la humanidad, consciente de ello, comenzaron a presionar sobre los asuntos internacionales, que los desfavorecían en forma conjunta; reclamaban una transformación en el orden económico internacional, buscando un trato acorde a la nueva realidad mundial; la estrategia para avanzar fue la acción conjunta bajo reglas de equidad.

La ideología dominante se encuentra en la cabeza de los dominados, la manera de percibirse no es libre; es imperioso entenderse a sí mismos

Según la percepción compartida de la Conferencia sobre este contexto, cabe distinguir, en cuanto al concepto acuñado, que se utilizó la palabra cooperación y no asistencia, como se empleaba en el ámbito de las relaciones norte-sur, reflejando así una noción de mayor simetría y aludiendo al sentido de trabajo conjunto, más que a la noción de transferencia, buscando beneficios mutuos en este proceso. (Colacrai; 2009).4

A la conferencia de 1978, le siguieron otras reuniones que fortalecieron el perfil de la CSS; en 1981, se celebra la Conferencia en Caracas (Venezuela), en la que se exigió la revisión del sistema de preferencias comerciales vigentes entre los países en crecimiento; en 1983, se funda el Fondo Pérez Guerrero, para la Cooperación Económica y Técnica entre Países en Desarrollo, el cual es gestionado y administrado conjuntamente entre el PNUD y el G77; este fondo financia algunas líneas de trabajo planteadas en los Planes de Acción resultantes de las reuniones del G77; en 1995, la ONU instó a la Cooperación Técnica para Países en Desarrollo a adoptar una nueva orientación, centralizándose en las áreas más sensibles como: comercio, inversiones, deudas, medio ambiente, pobreza; en 1999, se acordó en el marco del G77 una Declaración y un Plan de Acción, sobre cooperación económica regional y subregional entre países del sur; en el 2004, se transformó el nombre, denominándola oficialmente como Cooperación Sur- Sur. (Surasky; 2009).5

Una primera definición de la CSS, es la dada por elPNUD como: “La interacción entre dos o más países en desarrollo, que intentan lograr sus objetivos de desarrollo individuales o colectivos mediante intercambios de conocimientos, aptitudes, recursos y conocimientos técnicos”. (PNUD; 2004).6 Respecto a esta modalidad, la Secretaría Gral. Iberoamericana escribe que, la CSS se fundamenta en la asociación horizontal entre actores, como principio central de actuación, evitando una relación vertical y/o asistencialista. Esta cooperación deriva de acuerdos entre países que enfrentan desafíos de desarrollo similares a nivel nacional y global, lo cual facilita la adecuación de las actividades a necesidades y perspectivas comunes, así como el respeto por los aportes locales al desarrollo.

Este hecho favorece el entendimiento, alienta una relación entre socios en condiciones de reciprocidad y permite el aprendizaje mutuo, al compartir modelos de gestión ya implementados por los países del sur. (SEGIB; 2011).7

COOPERACIÓN SUR-SUR: PRINCIPIOS

Horizontalidad

La Cooperación Sur-Sur exige que los países colaboren entre sí en términos de socios. Esto significa que, más allá de las diferencias en los niveles de desarrollo relativo entre ellos, la colaboración es voluntaria, sin que ninguna de las partes ligue su participación al establecimiento de condiciones.

Consenso

La ejecución de una acción de CSS, debe someterse a consenso por los responsables de cada país, y ello en marcos de negociación común, como pueden ser las comisiones mixtas o equivalentes.

Equidad

La CSS debe ejercerse de modo tal, que sus beneficios (consistentes en la potenciación mutua de capacidades críticas para el desarrollo) se distribuyan de manera equitativa, entre todos los participantes. Este mismo criterio debe aplicarse a la distribución de costos, que deben asumirse de manera compartida y proporcional a las posibilidades reales de cada contraparte. (SEGIB 2008).8

En contraposición, los países del Norte definen a la Cooperación Internacional al Desarrollo como: “El conjunto de actuaciones realizadas por actores públicos y privados, entre países de diferente nivel de renta con el propósito de promover el progreso económico y social de los países del Sur, de modo que sea más equilibrado en relación con el Norte y resulte sostenible. A través de la cooperación al desarrollo, se pretende contribuir a un contexto internacional más estable, pacífico y seguro para todos los habitantes del planeta”. (OCDE)
Esta definición propone, claramente, que existe un Sur que debe ser desarrollado a semejanza del Norte, ya que el Norte es representado como el progreso y constituye la civilización avanzada; así el Sur se representa como primitivo, inseguro e inestable, habilitando la intervención de los países más desarrollados en las naciones clasificadas como poco desarrolladas, con el objetivo evangelizador de llevarles el progreso.

RESPECTO A AMÉRICA LATINA

“Pasar por la historia el cepillo a contrapelo” W. Benjamín.
Para ahondar en lo expuesto, es importante abrirse a distintas preguntas como: ¿Quién elabora las definiciones? ¿Quién dice qué es el Sur? Para abordarlas, es necesario empezar por la idea de “historia”. En este sentido, son esclarecedores los pensamientos de Walter Benjamín9, quien planteó que el tiempo, concebido como una línea recta en constante progreso y, por tal, naturalmente ininterrumpido, es una construcción ideológica. Al pensarlo como homogéneo y carente de intencionalidad, queda excluido de la decisión colectiva y neutraliza otras posibles valorizaciones del mismo; de este modo, el tiempo se concibe como uno de los modos más dominantes y escondidos del etnocentrismo o, mejor dicho, eurocentrismo para ser precisos.

“Hay que mirar, entonces con mucho cuidado y profundidad hacia atrás, para ver las heridas, las cicatrices escondidas debajo de la aparente superficie lisa de la historia”. (Gandler 2006).10

Es preciso mirar la historia que se ha contado, la historia oficial, pero desde un punto totalmente distinto para entender la realidad de la región sur e introducir algún cambio al respecto.

Luego del descubrimiento de América, las relaciones de dominación que se configuraron se definieron por su identidad racial, esta categoría, prácticamente, clasificaba las jerarquías que organizaban toda la sociedad colonial. Según Aníbal Quijano: “La posterior constitución de Europa, como nueva identidad, después de América y la expansión del colonialismo europeo sobre el resto del mundo, llevaron a la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento y con ella a la elaboración teórica de la idea de raza, como naturalización de esas relaciones coloniales de dominación entre europeos y no europeos”. (Quijano; 2000).11

En este sentido, resulta lógico pensar que el descubrimiento de América construyó la idea de la Europa moderna que se conoce actualmente; la definición de una otredad, de un tercero diferente, al que hay que “civilizar” y las nuevas riquezas acumuladas fueron, indiscutiblemente, un incentivo fundamental para su desarrollo.

La Europa occidental crecía gracias a la economía extractiva que ejercían en las nuevas colonias, lo cual propició el marco para la monetización del mercado mundial y el control comercial de la gran matriz de territorios que le pertenecían. Las categorías establecidas se anclaron, de tal forma, en el inconsciente colectivo mundial que, hasta hoy, se perciben como desprendimientos naturales de la sociedad, cuando en realidad no significaron más que construcciones teóricas perdurables en el tiempo y, de las cuales, América Latina tiene que desprenderse, con el fin de encontrar definiciones propias sobre sí mismos.

Las formas y el nivel de desarrollo político y cultural, específicamente el intelectual, en cada caso, jugaron también un papel de primer plano. Sin esos factores, la categoría Oriente no habría sido elaborada como la única, con la dignidad suficiente para ser el OTRO, aunque por definición inferior, de Occidente, sin que alguna equivalente, fuera acuñada para indios o negros.

Así, las sociedades occidentalizadas por este proceso se apropiaron de la ideología eurocentrista y, desde esa visión, entendieron el camino hacia la modernidad, como algo ansiado a ser alcanzado y como la única opción posible para desarrollarse y escapar de lo primitivo. (Lander; 2000).12

La modernidad nacida en Europa y la configuración de la colonialidad del poder, en lo que quedaba del mundo, constituyó la imagen hegemónica; haciendo difícil imaginarse una modernidad sin colonialismo. Como consecuencia, se le restó énfasis a la construcción cultural del lugar, al servicio del proceso abstracto y, aparentemente, universal de la formación del capital y del Estado, casi toda la teoría social convencional ha hecho invisibles formas subalternas de pensar y modalidades locales y regionales de configurar el mundo. (Escobar; 2000).13

Por lo tanto, parece natural que quienes elaboran las definiciones y establecen quién es quién en el mundo y cómo debe comportarse el resto, sean los países desarrollados, basados en esta colonialidad del poder y del saber.

CONCLUSIONES

La principal característica de la CSS, es que las naciones afrontan desafíos de desarrollo similares, a nivel local y global. Esta empatía, logra hacer más sencilla y lineal la vinculación entre ellos. A su vez, a nivel regional, los Estados en desarrollo, comparten ambiciones y experiencias comunes en cuanto a la edificación y al crecimiento de la nación, facilitando la comprensión mutua y mejorando la efectividad de los proyectos. Esta unión se forjó, por los vínculos compartidos, histórica y culturalmente, de los países en crecimiento.

Todas las experiencias, historias, recursos y productos culturales, fueron articulados en un solo orden cultural global, en torno de la hegemonía europea

La CSS se fundamenta en la idea de cooperación mutua, en las acciones entre países en desarrollo, siendo una modalidad orientada, esencialmente, hacia el logro de beneficios colectivos.

Por otra parte, considerando las definiciones de colonialidad que se realizan desde el Norte, se destaca la idea de que existe un Sur que debe ser desarrollado, a semejanza del Norte, lo cual habilita la intervención de los países más desarrollados, en las naciones clasificadas por el Norte, como poco desarrolladas.

Desde el descubrimiento de América, la sociedad europea se pensó, a sí misma, como el cénit de la civilización y la encargada de llevar la bandera de la modernización al resto de los territorios, como si fuera una tarea evangelizadora inevitable. El incentivo máximo para esta misión fue la necesidad de explotar a las colonias, en pos del dominio de la economía mundial y la política comercial.

Es así como se definió históricamente a las regiones colonizadas como inferiores, catalogadas de atrasadas. Este fantasma que nos persigue aún, encuentra respuestas en la crítica a la idea de la historia, como algo lineal y progresivo.

Se debe hacer una relectura crítica de la colonización según Quijano: “Como parte del nuevo patrón de poder mundial, Europa concentró bajo su hegemonía el control de todas las formas de la subjetividad, de la cultura y de la producción del conocimiento”.
Los vencedores utilizaron y utilizan teorías para crear las categorías “en desarrollo”, “en crecimiento”, e influenciar a los países que entran en estas clasificaciones, bajo la impronta de sabiduría del que ya superó esas etapas.

Claramente, la historia oficial no es la del Sur, nunca será la de los olvidados, y por ello, la región Sur tiene la obligación de conocerse por sí misma a través de sus propias palabras, porque es el turno de que hablen los vencidos y de que los OTROS escuchen. ◊


(1) Surasky J., “Elementos indispensables para no desaprovechar los vientos a favor de la Cooperación Sur- Sur”. Fund. Carolina, Buenos Aires, 2009.

(2) Ayllón Pino B., “Cooperación Sur – Sur: Innovación y Transformación en la Cooperación Internacional”. Fund. Carolina, España, 2009

(3) Programa de la O.N.U. para el Desarrollo, [PNUD] “Informe sobre Desarrollo Humano”, PNUD, 2011.

(4). Colacrai Myriam, Kern Alejandra, Merke Federico y otros, “Escenarios y desafíos de la cooperación Sur-Sur a 30 años de la Declaración de Buenos Aires. Lo viejo y lo nuevo para conceptualizar la cooperación Sur-Sur. Aportes conceptuales y recomendaciones para la política Argentina” Ed. Univ. Nacional de San Martín, 2009.

(5) Surasky J., “Seguimiento de la Cooperación Sur-Sur: Presentación”; Revista Española de Desarrollo y Cooperación N° 24, 2009.

(6). Junta Ejecutiva del PNUD y del FNUP, “Informe sobre la aplicación de la CSS”, 2004.

(7) Programa Iberoamericano De Fortalecimiento De La Cooperación Sur-Sur, “Informe De La Cooperación Sur-Sur En Iberoamérica 2008”, Segib, Madrid, 2008.

(8) Programa Iberoamericano de Fortalecimiento de la Cooperación Sur-Sur, “Informe De La Cooperación Sur-Sur En Iberoamérica 20122, Segib, Madrid, 2012.

(9) Gandler Stefan, “¿Por qué el ángel de la historia mira hacia atrás? Sobre elconcepto de historia de Walter Benjamín. Revista de historia e Estudos Culturais. Vol 3, 2006.

(10) Benjamín W., “Tesis sobre la historia y otros fragmentos”. Edición y Traducción de Bolívar Echeverría.

(11) Quijano Aníbal, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina” en “La Colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales, perspectivas latinoamericanas”, CLACSO, 2000.

(12) Lander E., “Ciencias sociales: saberes coloniales y eurocéntricos” en “La Colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales, perspectivas latinoamericanas”, CLACSO, 2000.

(13) Escobar A., “El lugar de la naturaleza y la naturaleza del lugar: ¿globalización o postdesarrollo?” en “La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales, perspectivas latinoamericanas”, Edgardo Lander, CLACSO, 2000.

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Lic. en Relaciones Internacionales de la Univ. del Salvador, posgrado en Gestión de Proyectos Internacionales. Especialista en Cooperación Internacional (Fondo Arg. de Cooperación Sur- Sur y Triangular de la Cancillería Argentina). Becada en: “El Sistema de Cooperación Internacional para el Desarrollo en un Mundo en Transformación: Orígenes, Cambios y Retos” ( Univ. Autónoma de Puebla, México y la Univ. Complutense de Madrid). Ejecución de misiones exploratorias para la formulación de proyectos de cooperación técnica (Fondo Argentino de CSS y Triangular de la Cancillería Argentina; Costa Rica y Colombia).

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