LA CORTE DE LOS CALIFAS

Dividido en diez capítulos cuya temática individual es de un tópico o período exquisitamente elegido, la narración liga cada apartado como si se tratara de un cuento. Además contiene elementos que completan la lectura con material didáctico y fácil de asimilar: mapas de ciudades que ya no existen, la genealogía abasí, cronología de sucesos claves para la continuación abasí y láminas e ilustraciones a color en muy buena calidad de papel, que sitúan visualmente al lector en ese mundo de encantos y riqueza cultural. El libro es la síntesis necesaria para conocer el auge y la caída de la más grande dinastía del Islam.

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“Este libro tiene la intención de narrar la historia de los califas abasíes y de su corte durante los dos siglos que constituyeron su edad de oro. Y utilizo el verbo narrar de forma deliberada (…) Al desconfiar y evitar la narrativa no nos hemos hecho a nuestra disciplina –la historia- ningún favor, puesto que hemos convertido nuestro campo de estudio en difícil, problemático y bastante aburrido para las personas ajenas a nuestro mundo especializado” (prólogo, página 2).

El tema de las fuentes para la creación de esta obra es clave para su virtud habilitadora del tema al lector. Se utilizan anécdotas registradas en textos que datan de tiempos inmemoriales, eventos como batallas y enfrentamientos entre quienes se disputaban el califato, relatos de califas y/o allegados, estudios de historiadores que se especializan en el mundo árabe y que son además de origen árabe (algunos pertenecen a nuestra era moderna; otros datan de los siglos IX y X), fuentes literarias en especial la poesía, arte tan importante y desarrollado en el Islam. Todo suma a la hora de estudiar y hacer conocer algo tan complicado, ya que los documentos que serían los registros oficiales del sistema aristocrático abasí casi se han perdido en su totalidad.

El capítulo 1, “La Revolución”, comienza a narrar desde el 720 para contextualizar, aunque la revolución fue en 750. El autor se enfoca en los personajes y sus motivaciones. Mohamed ibn Ali (su antepasado había sido Abbas, el tío paterno del Profeta), se ve influenciado por Bukayr ibn Mahan para reclamar su legado como miembro de la familia de Muhammad, para quienes el Estado islámico representado por los omeyas había traicionado los ideales del Islam, ya que no pertenecían a la familia del Profeta. Así, un conjunto de misioneros abasíes crearon una red clandestina de seguidores para apoyar el ascenso de la familia “real”. El líder militar Abul–Abbas fue quien tomó el título de Saffah y se convirtió en el primer califa abasí en el año 749.

En “Mansur y su legado”, capítulo 2, Saffah muere por causas naturales en junio de 754 y le sucede su hermano Abu Ja’farr Mansur. Con su personalidad peculiar y difícil se convierte en el segundo califa. “Político, ingenioso y psicólogo astuto” (página 27). No era un gran general pero podía usar la fuerza militar si lo necesitaba. Mansur, único califa de una gran reputación por su excelente oratoria pública, convenció a su pueblo de apoyarlo para convertir a Bagdad en la nueva capital del imperio. Muere Mansur en 775 y accede al trono, de forma pacífica, Mahdi. Este tercer califa tuvo éxitos modestos y muy breves, a causa de las crisis de Estado y a la rebelión por parte de los jefes locales del Jorasán. Finalmente en 785 asume el hijo de Mahdi, Hadi, como cuarto califa. Con él, el islam y sus tierras fueron creciendo de la mano de la ciencia, la introducción del papel casi por necesidad más que por tecnología, debido al vasto sistema burocrático que se estableció luego de 751. Y el autor también se encarga de presentar a la figura y rol del visir, como el ser más cercano al califa y de su máxima confianza, así como también cumplir las funciones que hoy se equiparan con un secretario de Estado o un canciller.

El quinto califa va a ser Harún al-Rashid –y la Edad de Oro, tema del capítulo 3– quien es parte del patrimonio cultural común ya que es el protagonista de “Las mil y una noches”. Luego de su legado se dio una de las más graves guerras civiles que devastó al califato por la crisis económica. Harún asume en noviembre de 786 y prepara dos largos y solemnes acuerdos para cada uno de sus hijos con el detalle de las obligaciones que tenían el uno respecto al otro. Estos se mantienen conservados en la “Historia” de Tabari. Esos dos hijos fueron Amín, quien asume como sexto califa a la muerte de su padre en 809, y luego Ma’mun, que subió al trono como séptimo califa. El capítulo 4 muestra los motivos casi novelescos que generan la rivalidad entre los hijos de Harún, por eso se titula “La guerra entre hermanos”. Esto se da mucho a lo largo de la historia del califato: historias de traiciones, rivalidad entre familiares que se celan, se envidian y hasta se llegan a odiar.

“Poesía y poder en la corte de los primeros abasíes”, capítulo 5, es clave para darle la valoración justa a la convicción islámica de enaltecer la cultura como prioridad para el bien del califato o cualquiera de sus formas políticas en las que evolucionó. El autor explica que desde la fundación de Bagdad, en 762, hasta el colapso de su poder (el de los califas) en el siglo X, la corte de los abasíes constituyó el principal foco de la actividad cultural del mundo islámico, el lugar donde se creaban los modos intelectuales y artísticos. Dentro de estos maestros del arte se encuentran Bashshar ibn Burd y Abu Numas expertos en lírica clásica árabe, y también al gran poeta Ilem-al-Rumi.

Por otra parte el lector se puede meter en la suntuosidad y belleza estética de los palacios abasíes en el capítulo 6, “Paisajes con palacios”. Éstos fueron destruidos por las sucesivas guerras e invasiones, pero son reconstruidos en palabras de Kennedy a través de su estudio de las fuentes árabes que datan de dicha época. Otro punto de interés es la descripción y explicación de qué es un harén y cómo funciona. “El harén”, capítulo 7, viene de la genealogía del harim y huram que significa: (página 211). El autor logra dar un paso para que el imaginario colectivo occidental quiebre el mito de lo que es un harén como un simple proto-prostíbulo a disposición del califa.

Ya en el capítulo 8, “De Ma´mun a Matawakil”, que es el décimo califa, se ve como se avanza hacia la decadencia de la corte abasí a pesar de continuar con un fuerte aspecto cultural como sostén de lo que queda de la sociedad de la cultura cortesana de los abasíes (capítulo 9). Ellos fueron “Los más importantes mecenas de la literatura y de la enseñanza: corte y cultura estaban íntimamente ligadas (…) “El tono lo marcó Ma´mun, y no cabe duda de que patrocinar la ciencia y el movimiento de traducción constituyó su contribución más personal y distintiva a la cultura de la época” (página 314).

Para finalizar, “El apogeo de Samarra”, capítulo 10, es también el fin del califato abasí. Los turcos que se fueron apoderando gradualmente de la aristocracia desprestigian el califato y así se da la cadena.

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