Países que se diferencian unos de otros por sus distintos sistemas estatales, algunos monárquicos otros republicanos, por sus diferentes creencias religiosas, algunos budistas otros islámicos y cristianos, sin mencionar la pluralidad de lenguas y dialectos. Una diversidad que fluye en la interacción entre tradición y modernidad.

En esta diversidad, no obstante, es posible distinguir ciertas continuidades o, mejor dicho, la presencia de ciertos fenómenos sociales, políticos, culturales y religiosos que han logrado mantenerse a lo largo del tiempo, a pesar de las influencias y transformaciones que afectaron a la región. Elementos de antiguas civilizaciones, que esconden sus orígenes cientos de años atrás, que sobrevivieron, asumiendo nuevos significados pero sin perder su identidad, en la actualidad en los distintos países. A continuación buscaré rescatar y distinguir algunas de estas continuidades.

Cruce e Interacción de Civilizaciones Foráneas

Antes de adentrarse en la búsqueda de los indicios contemporáneos de civilizaciones antiguas, es importarte tener presente, más no sea esquemáticamente, que los pueblos de la región del Sudeste Asiático son en parte producto de la influencia de civilizaciones foráneas. Entender la historia de estos procesos permitirá comprender mejor la presencia actual de los aspectos de civilizaciones antiguas. Y en esto destaca que fue una interacción positiva, habiendo adopción a la vez que adaptación de lo foráneo con lo autóctono. Desde fines del primer milenio antes de nuestra era empezaron a surgir una serie de jefaturas dispersas por la región. Se trataron de entidades con cierto grado de centralización del poder política en la persona del gobernante, con sanción espiritual, una jerarquización de la estructura social en distintos sectores y un desarrollo económico potenciado por su inserción en las redes comerciales regionales. Las creencias comunes de estas jefaturas se basaban en el chamanismo, la magia, el culto a los antepasados, la existencia de espíritus, el animismo y las fuerzas de la naturaleza, y las montañas como lugares sagrados.

Fue la inserción de algunas de estas jefaturas en las redes comerciales regionales la que las vinculó hacia fines del primer milenio antes de nuestra con las dos grandes civilizaciones asiáticas, la civilización india y la civilización china. Por un lado, el proceso de influencia india o indianización fue pacífico, y por medio de este los jefe locales adoptaron y adaptaron elementos de la civilización india, como la concepción deificada de la realeza, mejor conocida como deva-raja, el monarca universal, el monte Merú como eje del mundo, el modelo mandálico de ordenamiento social, junto con elementos artísticos y técnicos y aportes lingüísticos, todo dentro de las cosmovisiones de las religiones hinduista y budista.
Al principio, la indianización se sintió especialmente en los pueblos que ocupaban los territorios occidentales de los actuales países de Myanmar, Tailandia, Malasia e Indonesia, además de Camboya y la isla de Borneo, luego expandiéndose al resto de la región en mayor o menor grado. Por otro lado, el proceso de influencia china o sinificación fue por medio de la conquista, incorporando al pueblo bárbaro sometido dentro del imperio chino, el centro del mundo, proceso que implicaba adoptar los modelos administrativos-burocráticos chinos, junto con elementos artísticos y técnicos y aportes lingüísticos. Esta se sintió especialmente en el pueblo vietnamita y, posteriormente, en el pueblo tailandés en la región continental del Sudeste Asiático. A su vez la corte China atraía la atención de varios jefes de la región, a la cual acudían por medio de la organización de misiones tributarias en pos de obtener el reconocimiento legitimante del emperador Chino. Fue en la confluencia de las influencias de estas dos civilizaciones que a partir del siglo I surgirían los primeros reinos de la región. Serían los antecesores de los grandes reinos que gestarían las civilizaciones del Sudeste Asiático.

Hacia el siglo XI llegaría nuevamente por medio de las rutas comerciales una nueva civilización foránea al Sudeste Asiático, la islámica. El proceso de influencia del islam o islamización fue pacífico, a pesar de lo que podría pensarse de la interacción de una creencia que defiende el monoteísmo en un contexto caracterizado por una diversidad de deidades hindú-budistas. Esto se debió a las particularidades propias de la versión del islam que llegó, basado en rasgos esotéricos luego de su pasaje por la India, lo que permitió cierto grado de permeabilidad con las creencias sobrenaturales del contexto hindú-budista reinante. Esta se sintió especialmente en los actuales territorios de Malasia, Indonesia, Brunei, y el sur de Tailandia y Filipinas.

Finalmente en el siglo XVI llegarían a la región los pueblos europeos. Fue el proceso de influencia de la civilización Occidental u occidentalización el que marco el verdadero quiebre con las civilizaciones anteriores. En general, la occidentalización puede ser caracterizada por su grado de violencia, ahora bien pueden distinguirse dos grandes momentos. Desde su inicio hasta fines del siglo XVIII las potencias marítimas europeas buscaban hacerse un lugar en una región ya atiborrada de pueblos, convirtiéndose en uno más de aquellos. Solo establecieron factorías o se ubicaban enclaves estratégicos, pero sin someter sistemáticamente a los pueblos de la región.

Eso cambiaría en el siglo XIX cuando se impusieron militarmente a los pueblos de la región, sometiéndolos políticamente y controlando sus sistemas económicos, convirtiéndolos en colonias. Además de lo anterior, se impusieron ideas y nociones occidentales totalmente distintas y opuestas a los principios de las cosmovisiones hasta ese momento reinantes, donde el individualismo racional-legal e igualitario occidental hizo mella en la importancia del grupo, el personalismo y la jerarquía social, y donde el poder de distintos gobernantes no sólo fue socavado por la superioridad material de Occidente, sino también afectado por las nuevas nociones políticas, legales, religiosas y hasta naturales.

Salvo el caso de Tailandia, único país de la región en no ser colonizado, el resto de los pueblos del Sudeste Asiático fueron sometidos al colonialismo por distintas potencias occidental, como Inglaterra, Francia, Holanda, España, Portugal, y Estados Unidos. Luego del fin de la ocupación del imperio Japonés de los pueblos de la región durante la Segunda Guerra Mundial en el Asia y el Pacífico, donde las antiguas colonias europeas habían sido desplazadas, se desarrollarían los respectivos procesos de independencia de los distintos pueblos y el surgimiento de los nuevos estado nación independientes. Este último proceso, que no escapo de la violencia externa y a los traumas internos propios, fue responsable final de la síntesis entre tradición y modernidad, y que permitió, en la conformación de la identidad nacional, la permanencia contemporánea de indicios de las civilizaciones antiguas.

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Licenciado en Estudios Orientales de la Universidad del Salvador. Desde 2012 Profesor de las asignaturas Historia del Sudeste Asiático e Historia Contemporánea del Asia y el Pacífico de la Escuela de Estudios Orientales de la Universidad del Salvador. Desde 2012 Coordinador del Centro de Estudios del Sudeste Asiático del Departamento de Asia y el Pacífico del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de la Plata. Desde 2016 maestreando en la Maestría en Relaciones Internacionales del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de la Plata. Desde 2013 Profesor de la asignatura Filosofía de Oriente de la Universidad de Morón. Becario del gobierno de la República de Indonesia en 2007-2008. Becario del gobierno de la República Popular de China en 2010-2011. Becario del gobierno del Reino de Tailandia en 2013.

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