LAS RELACIONES SINO-ARGENTINAS

1972-2012 Las relaciones políticas entre la República Popular China y la República Argentina presentan diversos hechos salientes, desde febrero de 1972 –cuando tuvieron lugar las negociaciones que condujeron a la firma del Comunicado Conjunto de Bucarest– hasta la actualidad –en virtud de las iniciativas efectuadas por los respectivos gobiernos en pos de desarrollar la enunciada “relación estratégica”–. Dichos hechos salientes, a su vez, pueden caracterizarse como la resultante de una política exterior pragmática de tanto uno como otro actor.

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El presente trabajo procura identificar los mencionados hechos salientes y analizar el contexto en que los mismos tuvieron lugar, a los efectos de destacar la naturaleza realista, flexible y orientada hacia la consecución del interés nacional de la diplomacia de ambos países. Con ello, se aspira a que dichas notas características sean conocidas, divulgadas y aprehendidas, a los efectos de poder mantenerse a lo largo del tiempo y ser empleadas como fórmula que brinde sustento al desarrollo de las relaciones entre dos Estados apartados geográfica y culturalmente, pero cuyos objetivos generales coinciden en una serie de aspectos.

Hacia principios de la década de 1970, una vez concluida la fase radical de la Revolución Cultural, el gobierno chino prestó mayor atención a las relaciones diplomáticas. Debido a que en aquel momento su principal preocupación estratégica eran los subproductos del cisma sino-soviético, una alternativa plausible fue la normalización de las relaciones con los EEUU. Al mismo tiempo, en lo atinente a los lazos de China con el Tercer Mundo, las autoridades en Pekín consideraron acertado disminuir el apoyo tanto verbal como material a los movimientos revolucionarios.

A la luz de los objetivos descriptos, pudo materializarse el contacto de gobierno a gobierno, resultando de ello un proceso de establecimiento de relaciones diplomáticas con una serie de países de América Latina. Constituye entonces el primero de los hechos salientes la normalización de relaciones diplomáticas entre la R. P. China y la República Argentina, la cual se alcanzó mediante negociaciones efectuadas en Bucarest1. Cabe destacar que, a pesar de la falta de lazos oficiales entre ambos Estados, existían vínculos económicos desde la década de 1950. Asimismo, es dable mencionar que el término “normalización” en vez de “establecimiento” de relaciones diplomáticas2 alude a que estas últimas existieron en el pasado, habida cuenta de que la Argentina había establecido relaciones diplomáticas con la República de China en junio de 1945 3.

En la Argentina, en coincidencia con lo que acontecía en la mayoría de los países latinoamericanos, tenía lugar la adopción de una serie de políticas de mayor autonomía, lo cual en materia internacional se traducía en diversificar las relaciones tanto económicas como políticas internacionales. Si bien en Argentina el gobierno estaba en manos de autoridades de facto, el Canciller Luis María de Pablo Pardo promovió una diplomacia “sin fronteras ideológicas”, dado su convencimiento en que rechazar relaciones con Estados progresis¬tas, socialistas o comunistas, era perjudicial para la política de independencia y crecimiento económico que se abogaba para la Argentina.

En 1973, cuando el Peronismo llegó al poder en la Argentina por tercera vez, los vínculos sino-argentinos se intensificaron, ya que dentro del marco de la doctrina de la “Tercera Posición” las nuevas autoridades impulsaron los contactos con países socialistas. A posteriori, cuando las FFAA desplazaron del poder a la presidente Isabel Perón en marzo de 1976, las relaciones bilaterales no se vieron afectadas, tal como ocurrió con Chile luego de la caída de Allende.

Tras la muerte de Mao en septiembre de 1976, la lucha por la sucesión fue resuelta cuando fue arrestada la facción radical de la “Banda de los Cuatro”. Deng Xiaoping, miembro de la facción reformista, gradualmente escaló posiciones, y, finalmente, en el Tercer Pleno del 11º Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) en diciembre de 1978, logró imponer su plan de gobierno.

La modernización económica fue presentada como objetivo principal, por lo que la política exterior pasaría a ser parte integrante de tal esfuerzo.

En cuanto a los vínculos de China con el Tercer Mundo en esta etapa de cambio, tanto la retórica de Pekín en el sentido de liderazgo de dicho agrupamiento como la tendencia a presentar a China como modelo de desarrollo declinaron manifiestamente, en virtud de que la República Popular inició una política de respeto por el status quo internacional.

En relación con los lazos políticos entre China y la Argentina, puede identificarse como segundo hecho saliente que en junio de 1980 tuvo lugar la primera visita de un Jefe de Estado de la República Argentina a la República Popular China, cuando el presidente de facto Jorge R. Videla visitó Pekín. Más allá de las diferencias ideológicas, el pragmatismo volvió a caracterizar la conducción de los lazos bilaterales, siendo los dos acuerdos de cooperación económica y científica que se firmaron una muestra de la continuidad de contactos auspiciosos a la luz de la búsqueda del respectivo interés nacional.

Cuando en 1982 el gobierno de facto decidió recuperar por la vía bélica las Islas Malvinas, Pekín primero no efectuó comentario alguno sobre el particular, para luego solicitar a las partes una solución negociada y abstenerse ante la resolución británica en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. A partir de ese momento y hasta la actualidad, la R. P. China siempre ha apoyado el reclamo argentino de soberanía sobre el archipiélago, si bien ello puede ser considerado como la contrapartida a la postura argentina de adherir al concepto de que “sólo hay una China”, que “Taiwán es parte de China” y que “el gobierno de la R. P. China es el gobierno legítimo de China”.

A continuación, durante el período 1983-1989, China se abocó a promover una suerte de alineamiento con el Primer Mundo, fuente de crédito, inversión y transferencia tecnológica. Si bien esta orientación afectó su papel de líder del Tercer Mundo, la relación sino-argentina no se vio particularmente perjudicada. A partir del retorno de la democracia en nuestro país, el intercambio de visitas al más alto nivel se vio incrementado (el Canciller Wu Xueqian en 1984 y el Premier Zhao Ziyang en 1985 efectuaron visitas oficiales, las cuales fueron retribuidas por el Canciller Dante Caputo en 1985 y el Presidente Raúl Alfonsín en 1988), concretándose la firma de una serie de acuerdos bilaterales (que duplicó la cifra de convenios suscriptos desde 1972).

En este período puede ser identificado el tercer hecho saliente de la relación política bilateral, dado que si bien el gobierno de la U.C.R. se destacó por su defensa de los derechos humanos en el orden nacional y regional, ello no trajo aparejado la realización de pronunciamientos críticos hacia China que implicaran una injerencia en sus asuntos internos. Al mismo tiempo, la República Popular, pese a haber acordado exitosamente la Declaración Conjunta Sino-Británica de 1984 que estableció la retrocesión de Hong Kong a la soberanía china, mantuvo el apoyo al reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas.

Luego, tras los turbulentos episodios acontecidos entre 1989 y 1991 a nivel tanto internacional como interno de China4, las políticas interna y exterior de la República Popular se vieron afectadas. Los sucesos dentro de China permitie¬ron que los dirigentes de “línea dura” del Partido Comunista fortalecieran su situación, mientras que en materia exterior el país debió hacer frente a las sanciones impuestas por Occidente. Lo antedicho y la imprevista constitución de un mundo unipolar obligaron a China a llevar a cabo una campaña para romper su aislamiento estratégico y diplomático.

A tales efectos, China generó visitas de alto nivel al exterior: en mayo de 1990, el Presidente Yang Shangkun efectuó una gira oficial cubriendo América Latina de Norte a Sur, hecho sin precedentes por parte de un Presidente de la República Popular5.

El cuarto hecho saliente en la relación política bilateral se encuentra en esta gira y el gesto de reciprocidad que le procedió, dado que una vez que el Jefe de Estado chino visitó la Argentina en junio de 1990 (oportunidad en la que remarcó “temas de interés común” como “la oposición al hegemonismo, el respeto por el principio de no-interferencia en los asuntos internos de otro Estado y el establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional”), el presidente Dr. Carlos S. Menem retribuyó la visita en noviembre de ese mismo año, circunstancia que significó (1) afectar el boicot diplomático que Occidente había infligido a China luego de los sucesos de la Plaza Tian Anmen y (2) abrir las puertas a la reinserción de la R. P. China en el sistema internacional.

En la década siguiente, el gobierno encabezado por el Dr. Fernando De la Rúa marcó el quinto hecho saliente en la relación política bilateral, en virtud de que la primera visita oficial que llevara a cabo el Jefe de Estado argentino fuera de territorio americano tuvo como destino a China . Junto a este gesto, la relevancia de esta visita radicó en que ambos gobiernos avanzaron en las negociaciones tendientes al otorgamiento de apoyo a China para su ingreso a la Organización Mundial de Comercio, objetivo al cual se abocaba la diplomacia china desde hacía un lustro.

Como contrapartida, dos dirigentes chinos del más alto nivel visitaron a posteriori la República Argentina: el Presidente Jiang Zemin en abril de 2001 y el Presidente de la Asamblea Popular Nacional Li Peng en noviembre de ese año.

Un sexto hecho saliente se encuentra cuando a mediados de octubre de 2002, pocos meses después de la crisis política y financiera sin precedentes que atravesó la Argentina, efectuó una visita oficial el Canciller Tang Jiaxuan. Tras haber sostenido una audiencia con el Presidente Eduardo Duhalde y una reunión de trabajo con el Canciller Carlos Ruckauf, fue firmado un Comunicado Conjunto que sentó las bases para lo que hoy se define como la “relación estratégica” entre ambos países. El documento expresa “la historia, la cultura, el sistema social y el modelo de desarrollo de los países han de ser respetados… y cada una de las naciones… seguirán estrechando su consulta y cooperación en el plano internacional… para forjar un orden político y económico internacional justo y racional…”7.

Finalmente, puede reconocerse un séptimo hecho saliente de la relación política bilateral en la actual administración, consistente en fortalecer el concepto de “relación estratégica” con la inclusión de la cooperación en temas de defensa. Según el Memorando de Entendimiento sobre el Fortalecimiento del Intercambio y Cooperación en materia de Defensa, firmado por los respectivos encargados de la cartera el 16 de mayo de 2007, ambas partes “mantendrán contactos y comunicaciones sobre los temas de seguridad global, regional y de interés común”, “desarrollarán intercambios y cooperación en materia de equipamiento y logística militar”, y “establecerán una Comisión Conjunta de Defensa”8.

EL CONTRASTE FINAL

A modo de primera conclusión, la disparidad en la orientación política de los gobiernos de cada una de las contrapartes constituyó a la principal particularidad del análisis efectuado. En nuestro país, los siete hitos identificados tuvieron lugar durante gobiernos de facto y gobiernos de jure, a la vez que estos últimos fueron de signo radical, frentista y justicialista. A su vez, en China, si bien el Partido Comunista condujo al gobierno en todas esas circunstancias, los siete hechos salientes fueron protagonizados por dirigentes tanto de línea maoísta como de línea dengista.

Sin embargo, el contraste ideológico entre los gobiernos de cada uno de los dos Estados, no obstaculizó la construcción de una relación política bilateral que brindó sustento a la idea de relación estratégica, donde los factores comercial, financiero, tecnológico y militar son piezas fundamentales .

En consecuencia, cabe destacar que fruto de la naturaleza realista, flexible y orientada hacia la consecución del interés nacional de la diplomacia de ambos países, la relación política bilateral pudo ser fundada, edificada y acrecentada.

Ante los retos y desafíos que pudiera presentar el futuro, las lecciones de pragmatismo que nos brinda el pasado resultarían (1) una provechosa guía para la acción y (2) una herramienta para continuar la construcción de una relación “estratégica”.