Conocer Machu Picchu es como hacer un viaje a través del tiempo, una experiencia única e inolvidable. Redescubierta a principios en el Siglo XX por un arqueólogo estadounidense durante una expedición, la ciudadela de Machu Picchu permaneció bajo la selva durante casi cuatro siglos hasta que fue encontrada.

Nadie que llegue a la Puerta del Sol, después de la larga caminata por la ladera de la montaña, y se encuentre por primera vez con las ruinas de la antigua ciudad puede dejar de asombrarse con la increíble creación que los incas construyeron sin herramientas para trabajar la piedra ni animales de carga para transportarla hasta ahí.

Este santuario histórico que parece suspendido entre dos montañas, el Machu Picchu (montaña vieja) y el Huayna Picchu (montaña joven), 700 metros por encima del valle es uno de los monumentos más imponentes del planeta. Si bien algunas de las edificaciones tuvieron que ser reconstruidas para su exposición, la gran mayoría de las ruinas se mantuvieron intactas durante cuatro siglos. Se desconoce si existieron otras construcciones similares a la ciudadela que permanecen todavía ocultas entre las montañas y la selva del amazonas peruano.

La ciudad de Cusco fue el centro administrativo y espiritual del Imperio inca, que en un principio comprendía la zona que hoy se conoce como el Valle Sagrado, pero que hacia 1500 llego a convertirse en el estado más extenso de la América precolombina.

La expansión del Imperio Inca

Se estima que la civilización incaica ocupo el Valle desde el año 1200 aproximadamente hasta invasión cultural y religiosa de los españoles en 1533, que provocó la caída del Imperio. Manco Capac fue el primer emperador Inca que logro asentarse en Cusco en el Siglo XIII, pero fue recién en 1438 con la asunción del noveno emperador Pachacutec que el Imperio comenzó a expandirse, y en menos de 100 años alcanzo su apogeo, dominando toda la franja oeste del continente desde el sur de Colombia hasta el norte de Chile y Argentina.

A medida que se expandías, los incas fueron sometiendo a pequeñas comunidades imponiendo sus costumbres y su idioma. El quechua, que todavía hoy se practica en la zona del Valle Sagrado, fue hasta la llegada de los conquistadores el idioma principal del Imperio. Los incas tenían una organización jerárquica piramidal de la sociedad dividida en tres estratos: la realeza que, según se creía, era descendiente del Dios Sol; la nobleza compuesta por los jefes regionales, los sacerdotes y los guerreros; y por último, los ayllu que eran el estrato más bajo de la sociedad, compuesto por los trabajadores, los servidores y los prisioneros.

Los Incas fueron adelantados a su época: el sistema de cultivo que implementaban en terrazas o andenes artificiales en las laderas de la montaña les permitía aprovechar mejor el espacio y optimizar el agua. La utilización de estas terrazas en distintos niveles permitía cultivar diferentes alimentos gracias a la diferencia de temperatura entre ellas. Sus conocimientos tanto de agricultura como también de arquitectura, ingeniería, astronomía siguen sorprendiendo aun hoy a los historiadores.

Cusco fue la gran capital de aquel Imperio que, según las crónicas, deslumbró a los españoles por su organización y belleza, aunque eso no impidió que saquearan y destruyeran mucho de lo que encontraron en su camino. Los conquistadores sometieron al pueblo imponiendo su cultura y su religión hasta 1572 cuando cayó la última resistencia inca; Tupac Amaru I, integrante de la dinastía inca, fue derrotado y ejecutado en la plaza central de Cusco marcando el fin de la civilización.

Hoy, la antigua capital del Imperio es una mezcla de arquitectura incaica con estilo colonial español; la Plaza de armas, en el centro de la ciudad, luce todavía a su alrededor construcciones de piedra típicas del periodo incaico y balcones de estilo colonial que revelan el paso de los españoles.

El camino del Inca: una experiencia inolvidable

Nuestra aventura hasta Machu Picchu comenzó mucho antes de llegar a la ciudadela; unos días de paseo y aclimatación en Cusco son la antesala perfecta previo a iniciar el camino por la montaña hasta la ciudad escondida. La antigua capital del Imperio nos ofrece una mezcla de arquitectura incaica con un estilo colonial que la hacen fascinante, y la excursión por los museos y sitios arqueológicos nos van preparando para travesía hasta Machu Picchu.

Aprovechamos uno de los días de nuestra estadía en Cusco para conocer distintos pueblos del Valle Sagrado a lo largo del Rio Urubamba: Maras, Moray, Chinchero y Pisaq nos brindan un paisaje soñado que incluye una variedad de terrazas artificiales de cultivo, un paseo por ruinas de piedra en la ladera de la montaña y, lo mas impresionante del recorrido, la visita a las salineras. Durante el paseo tuvimos la posibilidad de conocer a algunos habitantes de estos pequeños pueblos que, con sus coloridas vestimentas típicas, nos enseñaron los secretos el arte del teñido y el tejido en sus talleres.

Con sus calles de piedra y sus canales, Ollantaytambo es otro paso obligado para todos los turistas. Allí aprendimos que los incas diseñaron un sistema para almacenar y preservar los cultivos en la ladera de la montaña, para tener alimento durante las estaciones de lluvia. También nos explicaron que los toritos de pucara que se pueden ver en los techos de todas las viviendas a lo largo del camino tienen que ver con una antigua costumbre local y que traen prosperidad a sus habitantes.

Ahora sí, ya estábamos listos para iniciar la aventura. Empezamos bien temprano la caminata con nuestro guía desde el pie de la montaña hasta llegar a la Puerta del Sol para tener el primer encuentro con Machu Picchu. Durante el paseo la montaña nos ofrece un paisaje diferente en cada curva: la vegetación de la selva amazónica, picos nevados, terrazas de cultivo que parecen incrustadas en la montaña y hasta cascadas de agua.

El encanto de Machu Picchu no reside solo en la belleza de su construcción sino también su increíble ubicación, perdida entre las montañas, donde la ciudadela resulta invisible para cualquier visitante que desconozca su existencia. Gracias a eso se cree que los españoles, que invadieron Cusco y el Valle Sagrado, nunca lograron llegar a Machu Picchu, lo que permitió que su estructura se mantuviera casi intacta debajo de la selva que la fue envolviendo.

Durante el ascenso fuimos rodeando la montaña mientras nuestro guía nos iba contando más sobre la historia de Machu Picchu y la magia de este lugar sagrado que estábamos por conocer. Las vías del tren desde donde iniciamos el ascenso quedaban cada vez más alejadas, y el paso por los senderos angostos con el precipicio a nuestra derecha le dan todavía más adrenalina a la aventura.

Agobiados por el calor fuimos aflojando el ritmo hasta que el guía nos anuncia que ya estábamos llegando; la emoción nos renovó las energías para afrontar la empinada escalera final que nos iba a depositar en la Puerta del Sol, desde donde nos encontramos por primera vez con la ciudadela. Desde ese punto, la ciudad parece estar flotando por encima del valle junto a las nubes, la obra maestra de los incas nos dejó asombrados y mágicamente todo el cansancio y el calor parecían haber desaparecido. Después de la escala obligada para contemplar el paisaje y recuperar el aire, iniciamos, por fin, la bajada hacia la ciudadela.

El día termió en Aguas Calientes, el pequeño pueblo de Machu Picchu que creció alrededor de la vía del tren, que es el único medio de transporte para llegar a la ciudadela para los que no se animan a la caminata. Solo nos quedaba descansar y recuperarse para recorrer las ruinas el día siguiente.

La ciudad escondida

Ubicado a 2.400 metros de altura en medio de un bosque tropical de montaña, Machu Picchu es sin duda la construcción incaica más extraordinaria de todas las que se encontraron hasta ahora; las murallas, terrazas y rampas gigantes parecen formar parte de la montaña.

A más de 80 km de Cusco y sin rutas de fácil acceso, los incas construyeron en piedra templos, viviendas y hasta un observatorio astronómico. Además levantaron numerosas escaleras y canales, además de las terrazas para uso agrícola en la ladera de la montaña para sembrar y cosechar sus alimentos.

Todavía es un gran misterio como aprendieron a trabajar las piedras y construir sus edificaciones; se cree que trabajaban con cinceles de bronce y martillos de piedra para trabajar de manera artesanal.

La perfección del trabajo que realizaban y la forma en que colocaban las piedras sin ningún tipo de complemento demuestran un gran conocimiento de arquitectura e ingeniería.

Las construcciones de la ciudadela, igual que las se encuentran también en Cusco y a lo largo de todo el Valle Sagrado, han resistido durante siglos intactas, soportando los temblores y movimientos típicos de la zona andina.

Según las investigaciones, Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso d Pachacútec, noveno inco entre 1438 y 1470, sin embargo, la calidad de construcción de algunos de sus edificaciones y el carácter ceremonial de la principal vía de acceso hacen creer que funcionaba también como santuario religioso.  Pero no todas las construcciones muestran el mismo nivel de perfeccionamiento en la construcción y el pulido de la piedra. Se cree que la residencia del emperador y los templos religiosos eran aquellos que muestran un mayor trabajo de pulido y una construcción detallista, mientras que las viviendas menos sofisticadas eran para el resto de la población. Estas casas más rústicas se ubicaban en la parte inferior de la ciudad.

El complejo está dividido en dos grandes zonas separadas por un muro, un foso y una gran escalera: la zona agrícola formada por las de terrazas de cultivo y la zona urbana donde vivieron sus ocupantes y donde se desarrollaron las principales actividades civiles y religiosas. La zona urbana está dividida en un sector alto y otro bajo de acuerdo a la tradicional bipartición de la sociedad y la jerarquía incaica. En la parte alta, donde se ubican las construcciones más sofisticadas se ubican la residencia del emperador y los y del sacerdote, además del templo para celebraciones religiosas y el observatorio astronómico.

Los incas eran muy estudiosos de la astronomía y tenían una especial veneración por el Sol, la fuente de luz y calor que permitía tener cosechas prosperas y a la luna; todavía hoy en Cusco se celebra cada 24 de junio la fiesta del Sol.

La plaza central plaza alargada construida sobre terrazas en diferentes niveles de acuerdo al declive de la montaña marca la separación entre el sector alto y el sector bajo, donde vivían los trabajadores y las vivienda eran construcciones con terminaciones menos elaboradas.

La zona agrícola está compuesto por el sistema de terrazas de cultivo que caracterizo a los incas son grandes escalones construidos sobre la ladera de las montañas, como andenes formados por un muro de piedra y un relleno de diferentes capas de material que facilitan el paso de agua de un nivel a otro. Las otras plataformas de menor ancho que se encuentran en la parte baja de Machu Picchu, funcionaban como muros de contención de la ciudadela.

Se presume que para preservarlo, el Emperador dio la orden de abandonar a sus habitantes el santuario antes de la llegada de los conquistadores y algunos historiadores creen que al escapar los incas fueron quemando y rompiendo los accesos para evitar que los españoles descubran unos de sus templos más importantes, eso explicaría que haya permanecido tanto tiempo sin ser descubierta.

Patrimonio de la humanidad

El antiguo santuario inca, abandonada hace más de 400 años, permaneció escondido hasta que fue redescubierto hace poco más de un siglo, debajo de la espesa selva amazónica, en una expedición por el arqueólogo y explorador estadounidense Hiram Bingham, guiado por habitantes locales en Julio de 1911. Si bien todavía hoy el pueblo peruano reclama al gobierno estadounidense y a la universidad de Yale la devolución de los miles de objetos que fueron tomados de la ruinas durante las investigaciones, también hay que reconocer que, con su descubrimiento dio la posibilidad al resto del mundo de saber de la existencia de este monumento.

La antigua ciudad fue incluida en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO desde 1983, como parte de todo un conjunto cultural y ecológico conocido bajo la denominación Santuario histórico de Machu Picchu. Esto significa que la ONU va a velar por el cuidado y mantenimiento de toda la zona. Además, en 2007 Machu Picchu fue elegida como una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno en una ceremonia que contó con la participación de cien millones de votantes en el mundo entero.

Machu Picchu es una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería que la convirtió en uno de los destinos turísticos más visitado del planeta. La historia de la civilización incaica y el hecho que se mantuviera oculta durante tanto tiempo, lo convierten en un lugar misterioso y sagrado que no hay que dejar de visitar.

Machu Picchu: Inspiración de artistas

La antigua ciudad que se mantuvo escondida entre las montañas es fuente de inspiración para millones de personas que la vistan cada año. Muchos artistas como el poeta chileno Pablo Neruda, han dedicado su obra al santuario inca. El Premio Nobel de Literatura incluyó en uno libro publicado en 1950 un conjunto de poemas, `Alturas de Machu Picchu`, inspirado por su visita a la ciudadela.

El libro de poesía `Canto General`, contiene una sección compuesta por doce poemas en los que Neruda describe la geografía y las características de la ciudad. El cantautor panameño Rubén Baldes y el grupo chileno de música folklórica Los Jaivas, entre otros músicos, pusieron música e interpretaron el famoso poema de Neruda.

Acá compartimos una de las estrofas de su poema dedicado a la ciudadela inca:

Entonces en la escala de la tierra he subido

entre la atroz maraña de las selvas perdidas

hasta ti, Macchu Picchu.

Alta ciudad de piedras escalares,

por fin morada del que lo terrestre

no escondió en las dormidas vestiduras.

En ti, como dos líneas paralelas,

la cuna del relámpago y del hombre

se mecían en un viento de espinas.

Madre de piedra, espuma de los cóndores.

Alto arrecife de la aurora humana.

Pala perdida en la primera arena.

Ésta fue la morada, éste es el sitio:

aquí los anchos granos del maíz ascendieron

y bajaron de nuevo como granizo rojo.

 

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña

a vestir los amores, los túmulos, las madres,

el rey, las oraciones, los guerreros.

 

Alturas de Macchu Picchu – Poemas de Pablo Neruda

http://www.poemas-del-alma.com/alturas-de-macchu.

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