Sr. Widodo es visto por muchos como relativamente no contaminado por la corrupción endémica de la provincia y en contacto con indonesios como resultado de su origen humilde.

Conocido como “Jokowi”, el ex fabricante de muebles es especialmente popular entre la población urbana y rural joven.

También prometió un fuerte enfoque en la educación y la tecnología moderna, incluyendo el gobierno electrónico.

Los críticos dijeron que carecía de experiencia política y tendría problemas para sacar adelante su agenda, como su indonesia Democrática Partido-Lucha (PDI-P), tiene sólo el 37% de los escaños en el parlamento.

Nacido en 1961 en solitario como el hijo de un vendedor de leña, el Sr. Widodo fue elegido alcalde de Solo – una ciudad en el centro de Java – en 2005 y ganó popularidad con las políticas destinadas a impulsar empresas pequeñas y locales.

Joko Widodo, Jokowi, de 53 años y es el primer jefe de Estado del país que no procede de los círculos tradicionales del poder, ha prometido gobernar con un nuevo estilo y “trabajar, trabajar y trabajar”.

Las expectativas sobre el nuevo líder, que se inició en la vida política como alcalde de la modesta ciudad de Solo, son inmensas: casi tres cuartas partes de los 250 millones de habitantes espera que mejore la situación del país, la tercera mayor democracia del mundo y la nación musulmana más poblada. Pero Jokowi también se enfrenta a enormes desafíos: enderezar la economía indonesia, la mayor del sureste asiático, hacer frente a la creciente amenaza del extremismo islámico, combatir la ingente corrupción y gobernar en minoría bajo la amenaza de que la tregua con Prabowo, representante de la “vieja guardia” política del país, pueda romperse en cualquier momento.

“La unidad y el trabajo mano a mano son requisitos indispensables para que seamos una gran nación”, afirmó el nuevo presidente en una ceremonia protegida por un despliegue de seguridad de 22.000 agentes y a la que asistieron líderes mundiales como el primer ministro australiano, Tony Abbott, o el secretario de Estado de EEUU, John Kerry. “Nunca podremos ser un gran país si nos mantenemos divididos”.

Pese a su reconciliación ahora, Prabowo ha advertido que la tregua no tiene por qué ser definitiva. Si Jokowi propone medidas que “vemos que no aportan ventajas al país y al pueblo, no dudaremos en criticarlas y hacer correcciones”, advirtió el viernes. Su coalición ya aprobó hace semanas en el Parlamento, pese a la oposición del presidente electo, una ley que elimina las elecciones directas para los cargos regionales, uno de los principales triunfos democráticos que había conseguido la era post-Suharto.

En su favor, Jokowi tiene su popularidad. Decenas de miles personas salieron a las calles de Yakarta a saludarle hoy mientras desfilaba en un coche de caballos tras su investidura. Menudo, de sonrisa contagiosa y voz bronca, apodado por algunos elObama de Indonesia, aunque este antiguo exportador de muebles y admirador del heavy metal no se caracteriza por una oratoria fluida, sí es el más carismático de los líderes indonesios de la era de la democracia.

Como alcalde de Solo primero, y gobernador de Yakarta después, se ha labrado una reputación de administrador eficiente e incorruptible insólita en su país.

La primera prueba de fuego para Jokowi será el futuro de los subsidios a la energía, una carga que le cuesta cerca de 15.000 millones de euros al Estado indonesio cada año y representa el 4% del PIB. Aunque la medida está destinada a ayudar al cerca del 40% de indonesios que viven cerca del umbral de la pobreza, es una fuente de corrupción que lastra sin remedio la balanza por cuenta corriente. Un primer intento de eliminarlos contribuyó a la caída del régimen militar de Suharto después de treinta años en el poder. Sus sucesores no pudieron, o quisieron, atajarlos. Jokowi ha asegurado que está dispuesto a acabar con ellos.

Para más información sobre Indonesia ver la entrevista exclusiva de RM con el Embajador de Indonesia en Argentina Jonny Sinaga

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