Rafael Correa: Ecuador

Rafael Correa consiguió la re-reelección con más del 57% de los votos y re-asumió el 24 de mayo con grandes desafíos para el futuro. En el tercer mandato contará, por primera vez, con mayoría en la Asamblea Nacional que le permitirá avanzar con proyectos a priori polémicos.

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En el poder desde 2007, Correa gobernará Ecuador hasta el 2017. Recién iniciado su tercer mandato con una economía que goza de buena salud y uno de los más altos índices de aprobación entre los mandatarios de América Latina, el presidente de Ecuador, asumió con la promesa de redoblar reformas para ampliar el control del Estado y profundizar su revolución, encaminando al país andino a una década de modelo socialista.

Similar a lo que sucedió en la reelección de Cristina Kirchner en 2011, Correa se situó a una distancia muy amplia de 34 puntos sobre el segundo candidato, el banquero Guillermo Lasso (23%). Los otros cinco aspirantes se quedaron entre el 6 y el 1% de los votos. Además de esta importante distancia con el segundo candidato, Alianza País, el movimiento que lidera Correa, obtuvo por primera vez la mayoría absoluta en la Asamblea legislativa. En este nuevo mandato, queda abierta la puerta para la promulgación de leyes sin apoyo de ningún partido opositor, eso le permitirá sacar adelante una serie de reformas mineras, agrarias, penales, de seguridad social y sin necesidad de las fuerzas que constituyen la oposición.

Entre los desafíos que Correa tendrá para el próximo mandato, deberá responder a las demandas de la población en relación al aumento de la delincuencia, el nivel de empleo, y en tercer lugar, la corrupción, tanto pública como privada. Además de continuar con el trabajo en asistencia social hacia los más desfavorecidos, de inversiones en carreteras, salud y vivienda.

Otro objetivo de Correa para el nuevo período de gobierno, ya anunciado por él, es “luchar contra la prensa corrupta, manipuladora y mercantilista”. En los próximos meses buscará aprobar una ley de comunicación a la que se oponían los medios privados críticos con el gobierno y buena parte de la oposición, situación que se repite a lo largo de América Latina.

En cuanto a la economía el presidente electo planea atraer la inversión privada al país, para lograr crecimiento, no como un fin en sí mismo. Alrededor del crecimiento gira la política de Correa y también giró su campaña, la obra pública es la clave de este crecimiento. Su equipo de campaña ideó un anuncio en el que se le veía recorrer el país en bicicleta. Sin necesidad de mencionarlas, los publicistas consiguieron meter por los ojos el principal baluarte de la gestión de Correa: las carreteras. El Gobierno anunció la construcción de 60 nuevos hospitales en los próximos cuatro años. La inversión pública se mantendrá este año en un 15% del PBI (de 86.166 millones de dólares) para proseguir los planes sociales y la construcción de infraestructura.

La política exterior de Ecuador tendrá continuidad, el plan es mantener relaciones bilaterales con todo el mundo, aunque desde los organismos internacionales sea cada vez más criticado por sus relaciones con algunos gobiernos cuestionados, como es el caso de Irán, la que el mismo Correa define como “relación de amistad” una de las causas de la tensa relación con Estados Unidos, que llegó al punto de expulsar en el 2011 a la embajadora de ese país en Quito y cuestionar las políticas de Washington en varios temas, entre ellos el de la libertad de prensa y derechos humanos.

En América Latina, Correa se posiciona para asumir el liderazgo del proyecto bolivariano del fallecido Hugo Chávez, aunque desde un país sin la potencia de los petrodólares, como es el caso de Venezuela. Correa, eterno aliado de Chávez, es consciente de la poca proyección del ALBA en el corto y mediano plazo y de la inminente toma de liderazgo de la región del gigante de América del Sur, Brasil.