Requiem a Umberto Eco

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En el Aleph, Jorge Luis Borges, comienza narrando la desaparición física de Beatriz Viterbo y reflexiona como el ‘Mundo’ banaliza está perdida al cambiarse una marquesina; lo que lo llevó a comprender “… que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.” Invocamos al texto de Borges, escritor excepcional, para traer a colación la desaparición física ya no de un personaje de ficción sino la del profesor Umberto Eco acontecido el pasado viernes 19 de febrero en Milán. Sabida es la admiración que le tenía el italiano al argentino al punto de darle en su célebre novela: ‘El Nombre de la Rosa’, el apellido de Burgos a un bibliotecario que, para no dejar dudas, también sufría de ceguera, se llamaba Jorge y era bibliófilo. Viterbo fue una creación de la inagotable capacidad de Borges en cuanto a creación literaria y; ‘el Mundo’ come vaticinó: continuo. El caso que nos ocupa es la desaparición física de Eco docente y formidable escritor que destiló millares de páginas para un público selecto el de la Academia y el ‘masa’.

A escasos días de su fallecimiento han aparecido artículos y suplementos en medios de comunicación de todos los continentes que repasan la ‘Obra’ realizada en más de cinco décadas desde que se volcó en primer lugar a la filosofía y, con posterioridad, a la semiología de la que fue su mayor exponente. Se lo conoció como hábil transgresor y polemista en el campo de las ideas con opiniones que muchas veces desataron un tembladeral no sólo desde el punto de vista político sino también en torno a la cuestión de la Fe. Allí quedó ese pequeño (Gran) libro que condensa los diálogos mantenidos con el Cardenal Jesuita Carlo María Martini en que debatieron sobre la medular pregunta de ¿En qué creen los que no creen? Eco, de educación Salesiana, abjuró de la Iglesia Católica cuando finalizó su tesis doctoral sobre el primer Doctor de la ‘Edad Moderna’; Santo Tomas de Aquino, lo que lo alejó de la Iglesia Católica manifestándose ‘Ateo’ en el sentido dado al término a partir de las meditaciones de Mircea Eliade y de que la Memoria es el Alma por antonomasia. Todo, absolutamente Todo, se almacena en la Memoria en tanto que la decantación es natural por lo que no se corre el riesgo de encarnar en vida a otro sujeto ‘borgeano’: Funes el Memorioso. Lo que queda tras la decantación es, de acuerdo a Eco, la Memoria.

Hace un lustro por intermedio de la Scuola Superiori degli Studi Umanistici de la Università degli Studi di Bologna llegue a contactarme con él y tener un rico intercambio de pareceres sobre diversas temáticas relacionadas, obviamente, a las Ciencias Sociales. Ese acercamiento posibilitó realizarle una propuesta con una fuerte dosis de audacia; invitarlo a una Lectio Magistralis en la ciudad de Santa Rosa, en principio aceptó gustoso el desafío. Sorprendió a propios y extraños al no conocer el temple de ese intelectual, decían que era imposible. Hoy tras analizar en profundidad los avatares a los que se enfrascó con la fundación de una Casa Editorial o el claro mensaje que tuvo para con el recambio generacional en la política italiana de estos últimos años deja claro, con un poco mas de precisión, que no era un hombre del común el que ‘solo’ proyecta sombra sobre la Tierra…era un intelectual que irradiaba mucho más de lo que podría pensarse en el Mundo de las Ideas y en el Hacer. La enfermedad imposibilitó lo que hubiera quedado en los anales de La Pampa, no obstante lo cual realizamos una videoconferencia el 26 de marzo de 2014 un año más tarde nos cedió los derechos de su exposición y se publicó el texto.

Resta señalar que la presentación de mi autoría en el libro lleva por título ‘El Letargo del Universo y la persistencia del Dogma’ que fue sugerido por él tras una larga comunicación en la que llegó[amos] a la conclusión de que la Universidad, sobre eso versó su Lectio, aun no ha acabado de desplegar las potencialidades que concierne a la misma como Entidad que debe dar cabida a todo el ‘Universo’: todo lo que está bajo la gran bóveda celeste y, ahondando, un poco más allá quedó en evidencia que los Dogmas aun persisten y estos parafraseando el razonamiento de Karl Popper el que no hayamos visto un tordo blanco no quiere decir que el mismo no exista.

Umberto Eco; el intelectual…el polemista nos dejó pero hete aquí que legó a la Humanidad una gran estela que nos resta seguir profundizando.