Tango vivo- Cuaccu Agri

Un dúo grandioso demuestra que el tango vive en el siglo XXI, entregando todo y sumando nuevo repertorio.

749

Una vibrante grabación hecha en el corazón musical de Buenos Aires. Sin artificios y sin mezquindades, Juan Esteban Cuacci y Pablo Agri nos regalan un Tango vivo para llevar a casa. Edición exclusiva del Club del Disco para sus socios.

Ambos tienen apellidos con peso propio, y a la vez son ya maduros músicos que hace rato que no tienen que demostrar que son mucho más que un nombre. Juan Esteban Cuacci (piano) y Pablo Agri (violín) entregan un disco a dúo con pocos antecedentes, porque los dos son, además de notables intérpretes, compositores de fuste. Un disco tanguero, de gran intimidad (es música de cámara, al mismo tiempo) cuya tesis es que el tango vive, no es un recuerdo de un pasado venturoso. En estos doce tracks está vivísimo, alternando creaciones nuevas con música de Piazzolla y Troilo.

Comienzan con una obra con reminiscencias jazzeras y con citas para descubrir, luego se dan el gusto de traer un Troilo clásico con La cantina (track 2), y en la bellísima pieza de Cuacci, Mi bailarina y Lo que vendrá (Piazzolla puro) llegan a un clímax. Nuevamente hay espacio para la ternura en Osito (track 6) y, a partir de allí, presentan todas composiciones propias, dejando para el final nuevamente a Astor y como un casi bonus track entregando una versión bellísima del clásico de Gardel, El día que me quieras (cronológicamente la música más añeja de este disco). Así, recorren más de ochenta años del género, pero con fuerte ancla en el presente.

Varias son las virtudes de este dúo: el manejo de los tiempos, con toda la libertad que implica tocar de a dos (un abismo respecto a formaciones más grandes); la sapiencia en las dinámicas, la limpieza en la ejecución (se nota la técnica académica de los dos); la cantidad ilimitada de recursos tímbricos del violín y a su vez la sobriedad del piano, con la posibilidad, en los momentos más fogosos, de sonar fuerte, martillando los graves con la mano izquierda totalmente dentro del estilo.

La grabación en sí misma es una joya, y no sorprende: fue el mismo Osvaldo Acedo, alma de Ion, el que operó en el estudio, y fue él mismo quien escribió unas emocionadas líneas que se pueden leer al abrir el disco. Y es que estos Cuacci y Agri son los mismos que debieron, alguna vez, corretear por esos largos pasillos, por ese imponente estudio cuando sus padres grababan…

Un disco fino, con tango pero no solo para tangueros. Abierto a quienes aman la buena música sin mirar etiquetas. Un trabajo hecho con amor y buena fortuna, que llega para todos editado por esta casa apasionada de los buenos discos y el talento argentino.