UN ITINERARIO AMBICIOSO: EL PASADO NOS INVITA A ACTUAR

Sin dejar de mirar hacia atrás todo lo necesario, el “aquí y ahora” nos brinda oportunidades únicas para realizar acciones trascendentes sin importar lo pequeñas que parezcan.

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Las culturas antiguas no son materia muerta, existen innumerables conexiones que unen lugares distantes y tiempos remotos, de tal manera que en todas partes del mundo el pasado convive con nosotros de muchas formas. Por ejemplo, notables construcciones e inscripciones han perdurado para deslumbrar, intrigar y provocar investigaciones. Pero tal legado posiblemente represente solo un ínfimo porcentaje de todas las obras producidas por las culturas antiguas; muchas se hallan aún bajo gruesas capas de tierra mientras que otras tantas no lograron resistir el paso del tiempo.

Sin embargo, más allá de esa herencia palpable y su enorme significado, deberíamos reconocer que el pasado sigue presente a través de marcas mucho más fuertes y relevantes que pasan inadvertidas en la vida cotidiana. Vemos sus trazas en nuestro modo de hablar, de trabajar, de litigar, de construir… las culturas antiguas siguen aquí con nosotros, todos los días. Se han mezclado y se siguen mezclando: sincretismo.

Nadie sabe hasta qué punto un rasgo cultural puede perdurar y marcar a las personas. Los acontecimientos históricos dejaron, por supuesto, influencias notorias en la gente y sus costumbres (dos ejemplos: España a partir del siglo VIII; China, a partir del siglo XIII). Sin embargo, no siempre se requieren grandes episodios; las pequeñas acciones pueden dejar huellas profundas. “Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede decir dónde acaba su influencia”, sostiene una cita de Henry Adams que me compartieron hace poco. Y haber recibido el regalo de esa reflexión me dejó pensando en que las acciones de todos nosotros pueden influir de modos insospechados, en que nos rozamos todo el tiempo, en que nuestras vidas se conectan más allá de lo que solemos percibir.

Varias obras trataron de reflejar esta visión, como fue el caso de la película Cloud Atlas (El Atlas de las nubes) estrenada en 2012 de la mano de directores y actores de renombre. La trama explora las repercusiones futuras de ciertas acciones individuales aparentemente pequeñas y acotadas en su contexto temporal. Seis historias de diferentes épocas, lugares y culturas se van entrelazando desde 1849 hasta 2321; esclavitud, romance, conspiraciones corporativas, clones y un mundo post-apocalíptico desfilan a través de un relato fragmentario. “¿Qué es un océano sino una multitud de gotas?”, “cruzamos y volvemos a cruzar nuestras viejas huellas como en el patinaje artístico” escuchamos decir a los personajes mientras se despliegan sus historias personales.

Sin considerar el abanico de opiniones sobre la calidad de la película (desde pésima hasta excelente, como podía esperarse), tomemos los asuntos que trata como disparadores de reflexión. Por ejemplo, se percibe la virtual omnipresencia de un tema ineludible que siempre rigió gran parte de la dinámica del mundo: la ley del más fuerte. Y cómo, frente a dicho régimen, aparecen acciones sublimes tales como un acto solidario que logra propagarse a través del tiempo para inspirar una revolución en el futuro.

¿Somos capaces de regirnos por leyes mejores, de progresar en madurez como raza humana? ¿Podemos, desde lo individual, desde la gota de agua, contribuir con gestos y acciones que se propaguen a través del océano? En la visión de la teoría evolucionista, algunos monos dieron un salto evolutivo sin precedentes cuando aprendieron a pararse sobre sus patas traseras y comenzaron a utilizar las manos de una manera novedosa. ¿Podríamos dar un salto madurativo gracias a un cambio de postura sobre la ley del más fuerte?

Es inevitable: llevamos

. El mundo entero es fruto del sincretismo porque interactuamos, nos influenciamos, nos afectamos todo el tiempo mientras los nuevos medios tecnológicos multiplican ahora los hilos que nos conectan.

Debemos aprovechar estas poderosas conexiones. Frente a la intención de comunicar, cualquier sensación de derrota queda injustificada si se consigue llegar a alguien con el mensaje. Con una escena semejante es que casi concluye la película Cloud Atlas, con un personaje que supera dificultades para poder transmitir finalmente una señal, un mensaje que llega a destino y que produce un resultado.

En un planeta donde nuestras culturas se siguen mezclando, la ley del más fuerte no constituye un buen paradigma si tenemos la intención de reconciliar mundos. Y tenemos la firme intención de contribuir a reconciliarlos.

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