C.B: El día del evento se habló sobre los recursos con los que contaba la organización pero nos quedó la duda acerca de cómo se financia la labor de MSF.

L.P.B: Si a mí también me pareció que no había quedado tan claro. Bueno, MSF se financia fundamentalmente de los aportes de los socios. Socios son todas aquellas personas que se solidarizan con nuestra causa y que da un aporte ya sea mensual o de manera esporáditca. Estos aportes privados dan cuenta de aproximadamente el 85% de la financiación de MSF y por ende es la principal fuente de ingreso. Te cuento que son más de cinco millones de socios alrededor del mundo. Luego hay algunos fondos, institucionales sobre todo, que son de gobiernos que no tienen una agenda política o que tienen un bajo perfil. Te hablo de los gobiernos nórdicos por ejemplo Austria, Noruega. Esos países que no son actores principales en la agenda política internacional y este es el otro porcentaje de financiación.

C.B: Y si hay una emergencia como lo que ocurrió por ejemplo en Haití y por ahí ustedes no cuentan con un recurso económico inmediato para cubrir tal magnitud de acción ¿A quienes recurren para la financiación? ¿Pueden recurrir a los Estados?

No, precisamente no recurrimos a los Estados por que se lesionaría nuestra independencia que es el principio fundamental de MSF. Entonces ahí lo que hacemos casi siempre es invitar a todos los socios a que donen al Fondo de Emergencias. Este es un fondo con el que nosotros contamos, y como no esta dedicado a algo en especial, no es un fondo que lleve nombre y apellido. Eso nos permite facilidad para actuar en cualquier país, como fue el caso de Haití, y de esa forma nosotros actuamos de manera inmediata en un promedio de 24 o 48 hrs. Luego si empezamos a aplicar, dependiendo de la magnitud del evento, el pedir dinero especificamente para la emergencia.

C.B: ¿En chile les ocurrió lo mismo?

L.P.B: En chile no, porque en verdad nuestra intervención fue bastante pequeña te diría. Fuimos a apoyar espacios que quedaban vacíos y ahí con el Fondo de Emergencias era más que suficiente. Ahora obviamente hay personas, y esto es importante, que dicen “Bueno sabes qué, yo quiero donar pero quiero donar para Chile”. En ese caso nosotros respetamos la decisión del socio y todo su dinero se debe invertir en la emergencia o intervención de Chile.

C.B: ¿La única manera de colaborar con MSF es con el recurso económico, o también aceptan materiales como gasas, productos médicos, etcétera?

L.P.B: No, nosotros no aceptamos ninguna donación en especias y te voy a explicar porqué. Tenemos 19 oficinas regionales alrededor del mundo y en estos 40 años de trabajo hemos desarrollado mucho la tecnología de kits. Entonces nosotros tenemos armados los kits, por ejemplo: “Kit Cólera 10 mil personas”. Por lo tanto el material lo compramos a granel, y con eso reducimos los costos increíblemente para armar los kits. De manera que no haya que estar ensamblando material. Te digo que el tiempo que se pierde cuando uno recibe donaciones en especias, y ya nos pasó hace muchísimos años, era terrible. Va en contra del tiempo que uno tiene. Necesitas gente clasificando, viendo lo que está bien o lo que está mal. En cambio si nosotros hacemos todas las compras es mucho más fácil hacer los kits y mandarlos directamente al terreno cuando estos se necesiten.

C.B: ¿De esto se encarga la persona de logística?

L.P.B: Exactamente. Sí, los logistas son los que se encargan de saber cuántos kits necesitamos, montarlos en el avión y llevarlos inmediatamente. Al igual que los hospitales inflables o lo que sea necesario para cada lugar.

C.B: Cómo es que llega MSF a los lugares a los que brinda ayuda humanitaria ¿Son llamados por el Estado, por un privado, o tienen un proceso donde el comité decide que MSF sea parte de un conflicto o necesidad humanitaria?

L.P.B: Bueno nosotros estamos en 64 países, en 350 proyectos, entonces nuestros equipos o la coordinación general en ese país, te pongo por ejemplo Nigeria, está siempre monitoreando el área y la región. No sólo Nigeria sino que también países aledaños. Así mantenemos siempre el monitoreo si hay un desastre natural, un conflicto armado, en fin.

C.B: ¿El monitoreo lo mantienen ustedes con un equipo especial o también pueden recurrir a consultoras privadas o informes de ONG’s para ver cómo está la situación?

L.P.B: Si mira, nosotros monitoreamos directamente y también en ese momento del monitoreo accedemos a información que otras organizaciones tengan y estamos en constante comunicación. Ahora, hay un centro de operaciones en Europa, que está en Barcelona, España. Ahí hay un equipo de gente en el área de operaciones siempre monitoreando todo el mundo y en contacto con nuestros equipos, entonces ahí sí, las noticias de televisión, de otras organizaciones, en fin, se usan todos los medios que estén disponibles para poder tener la información lo más rápido posible. Una vez que tenemos la información de que hay un evento y que por su dimensión va a ser una crisis, ahí va un equipo de “misión exploratoria”. Casi siempre es un médico y una persona de logística. Las dos personas van, llegan al país, hacen una evaluación rápida de la situación e inmediatamente si hay que intervenir ya llegan los equipos: médicos, logistas o lo que haga falta.

C.B: En la conferencia por los 40 años de MSF decías se habían manejado con dos conceptos claves: el de independencia y el de neutralidad, que es muy importante para mantener la estabilidad de las actividades en los distintos Estados. Pero ¿Cómo manejan esta neutralidad en un Estado donde la situación bélica es muy aguda? ¿Cómo hacen para asegurar ese perímetro de seguridad que garantice la eficacia d sus actividades?

L.P.B: Pues mira, fundamentalmente nosotros usamos la neutralidad como herramienta, pues todo el mundo sabe que no tomamos partido en ningún conflicto. Eso es lo que nos permite ingresar. Te pongo el ejemplo de Libia ahora, que es un conflicto complejo, nosotros trabajamos de los dos lados del frente.

C.B: ¿Para entrar al Estado necesitan un permiso especial?

L.P.B: Regularmente llegamos e intentamos de acceder de cualquier forma, porque llevamos ayuda humanitaria. Obviamente al mismo tiempo seguimos los procesos normales, las visas y las cosas que se piden para tener todo en orden. Si hay un conflicto intentamos llegar lo antes posible y actuar. En simultáneo obviamente pedimos permiso y le decimos al gobierno si nos permite trabajar ahí. Algunas veces nos dicen que sí y otras veces nos dicen que no. Esto quiere decir que nos limita el acceso y entonces hay que trabajar solo en una parte del conflicto cuando nos dejan entrar. Allí tenemos ese problema, porque no es que solo queremos trabajar de un solo lado del conflicto; es que no nos dejan entrar del otro lado. Eso lo hablamos públicamente para que todos entiendan que no es que estamos violando el principio de neutralidad, ni tampoco el de independencia. También siempre hacemos llamados a la comunidad internacional y presión política para que los gobiernos nos dejen entrar, porque lo único que queremos llevar es para salvar vidas y aliviar el sufrimiento.

Entrevista en el terreno

“El conflicto armado en Colombia es invisible sólo para aquellos que no desean verlo”

El conflicto armado, el aislamiento y la exclusión son algunas de las barreras que existen para acceder a los servicios de salud en Colombia, especialmente en zonas rurales. La organización internacional de ayuda humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja allí desde 1985 y actualmente tiene varios proyectos de asistencia médica y psicológica, salud materna y saneamiento de agua, entre otros.

La argentina Fernanda Méndez, coordinadora médica de MSF en Colombia, habla de la situación de la población más desfavorecida en el sur del país, donde MSF lleva a cabo proyectos de atención primaria y salud mental.

– ¿Cuál es la situación de la población en las zonas donde trabaja MSF?

F. M.: MSF asiste mayoritariamente a las comunidades rurales afectadas por el conflicto armado en los departamentos de Caquetá, Putumayo, Nariño y Cauca, al sur del país. Son zonas en las que los civiles son sometidos constantemente a amenazas, masacres, desapariciones forzadas, reclutamientos y desplazamientos forzados. Estas poblaciones, flotantes a la fuerza, se movilizan huyendo de la violencia, en busca de trabajo, de un nuevo hogar y, fundamentalmente, de la paz que difícilmente encuentran.

Son comunidades compuestas por un crisol demográfico de colonos, afro-colombianos e indígenas, viven aisladas y los servicios de salud de estas zonas son prácticamente inexistentes. En caso de enfermedad deben recorrer grandes distancias, con el coste económico que esto implica y la consecuencia evidente de postergar las consultas por falta de medios económicos. Cuando logran llegar a los hospitales de referencia, la burocracia y el complejo sistema de salud nacional son una traba más y un límite contundente al acceso a la salud.

Sufren, en general, todas las consecuencias derivadas de las acciones de guerra, incluidas sus secuelas en la salud mental y las repercusiones físicas de la falta de acceso a los servicios de salud.

– Un componente muy importante de los proyectos de MSF en Colombia son las clínicas móviles en zona rural. ¿En qué consisten?

F. M.: Nuestros equipos, formados por médicos, enfermeros, auxiliares de enfermería, psicólogos, odontólogos y logistas, prestan atención primaria en aquellas zonas más afectadas por el conflicto a las que no acceden otras organizaciones y mucho menos el Estado Colombiano. La frecuencia de las clínicas móviles va de uno a tres meses, en función de la población de referencia de cada zona.

Además, desde este año contamos también con dos puntos de atención permanente en la zona de la cosa pacífica del Cauca. Un médico, una matrona y un enfermero se quedan 20 días al mes permanentemente en el puesto de salud de la zona, permitiendo así un acceso regular de las comunidades a las consultas que nos permite mejorar el manejo de enfermedades crónicas, responder a eventos agudos e incluso atender a heridos a causa de los enfrentamientos.

En zonas urbanas, hacemos clínicas de atención de salud mental en seis capitales de municipio, en el departamento de Caquetá, y en seis municipios del norte del Cauca.   

– Los equipos de MSF son testigos de las dificultades que tienen las personas más desfavorecidas para acceder a la salud. ¿Por qué esta falta de acceso?

F.M.: Al final, las dificultades para el acceso a la salud se pueden dividir en las originadas por el propio sistema de salud y su implementación, por un lado, y las generadas por el conflicto armado interno, por el otro.

En relación a las barreras que tienen que ver con el propio sistema de salud colombiano, es notable la falta de estructuras equipadas en las zonas rurales, la falta de sistemas de referencia para las urgencias, el copago de la atención, el pago de los medicamentos, la discriminación, la falta de información en relación a los propios derechos de los pacientes y las trabas administrativas o burocráticas. El componente económico es un muro infranqueable. Las comunidades carecen de medios para el pago de transporte, del propio servicio de salud, de los medicamentos y de la alimentación y alojamiento necesario para permanecer, a veces durante semanas, lejos de sus hogares esperando la atención médica.

En cuanto a las barreras que tienen su origen en el propio conflicto armado colombiano, se puede mencionar la presencia de actores armados que limitan el movimiento de la población, la presencia de minas, las amenazas a la misión médica y ciertas consecuencias indirectas del conflicto que propician el abandono de algunas estructuras de salud. En algunos casos, el conflicto puede ser utilizado por el Estado como un pretexto para no abordar problemas estructurales o de cobertura.

– La salud mental es un componente muy importante en los proyectos de MSF. ¿Podrías explicarnos por qué?

F. M.: El concepto integral de salud que articula salud física y mental con el mismo peso, toma una relevancia especial en Colombia. El escenario planteado previamente, las persecuciones, el confinamiento, las desapariciones, las muertes violentas de personas cercanas y de familiares dejan su huella en la salud mental. Las secuelas más graves y frecuentes de la problemática del conflicto en Colombia repercuten en las comunidades, rompiendo la estabilidad emocional.

Además de las alteraciones en la conducta habitualmente asociadas con un conflicto armado, nuestros pacientes muestran con frecuencia problemas de adaptación y un mayor grado de exposición a otros tipos de violencia (intrafamiliar, sexual o social), como suele ocurrir en contextos de conflicto armado.

Como agravante, la problemática de la salud mental está completamente olvidada en las estructuras estatales. Hay falta de espacios, de personal cualificado, de protocolos y en general de voluntad para abordar estas cuestiones.

– ¿Cuáles son los principales retos para MSF en Colombia?

F. M.: El principal reto para MSF en Colombia es lograr el acceso (y mantenerlo) en aquellas zonas donde se encuentra la población más afectada por el conflicto armado y donde se hace más evidente la falta de acceso a los servicios de salud. La aceptación de nuestra presencia en zonas con fuerte dominio de los diversos actores armados es un desafío permanente, que debe ir siempre acompañado de la voluntad de testimoniar en relación a la precaria situación de la población y el olvido de parte de las instituciones de salud estatales.

– ¿Cómo es la situación actual en el país?

F. M.: El conflicto armado en Colombia es invisible sólo para aquellos que no desean verlo, y  lleva dos años recrudeciéndose. Sin ir más lejos, el pasado 9 de julio, el municipio de Toribío fue atacado simultáneamente a otros cinco municipios en la misma zona. El resultado de estos ataques fue de ocho muertos entre civiles y militares, más de 100 heridos y 300 casas destruidas. Nuestros equipos que trabajan normalmente en esta zona tuvieron que organizar una intervención de emergencia para atender a la población afectada en el ámbito de la salud mental.

Una vez más, nuestro papel en Colombia es estar al lado y atender a las víctimas de un conflicto armado que tiene duras consecuencias en el día a día de la población y que incide fuertemente en la capacidad de acceder a la salud de la población que vive en las zonas rurales del país.

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María Cecilia Benac es conferencista, escritora e investigadora. Magister en Políticas Públicas (Flacso), Profesora en Diplomacia y Licenciada en Relaciones Internacionales (USAL). Especializada en seguridad y estudios internacionales. Entre otros posgrados realizados, se destacan los de la Universidad de Leiden (Países Bajos), Emory, Yale (EEUU) e IESE (España). Docente de la Escuela Argentina de Negocios entre otras instituciones. proyecto humanitario comunicacional, el cual dirige hasta la actualidad. Como miembro de Reporteros Sin Fronteras, cubrió los conflictos y guerras en Medio Oriente entre 2010 y 2016. Participando también de Misiones de Seguridad y Acción Humanitaria en Palestina, Egipto, Líbano, Marruecos y Siria. Es periodista y redactora en medios especializados.