¿Cambio en la región?

Además de un asenso de gobiernos de izquierda, se puede notar que también existen gobiernos de distinta naturaleza política, como Chile, Colombia y Perú, los cuales no por ser minoría se los debe disociar de cualquier tipo de integración o acción conjunta. No obstante, lo primero que se puede decir es que más allá de toda intención de integración, los actores no lograron al día de hoy articular políticas exteriores convergentes que logren responder a las demandas tanto globales como regionales.

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La izquierda dura

Planteado ya el esquema de relaciones interregionales, nos situaremos en el sector extremo del mapa político donde nos encontramos con la dictadura cincuentenaria de Fidel Castro, ahora a cargo de su hermano Raúl. Este régimen que tiene a su cargo acciones lamentables como fusilamientos, Guantánamo, el suplicio de la disidencia cubana y la pobreza, se presenta como “El” país comunista de America Latina. Si bien Raúl Castro no tiene homólogos que asuman la misma línea ideológica sí cuenta con la simpatía de gobiernos afines a su persona.

De hecho, la llegada  de Hugo Chávez al poder en 1999 fue un “premio especial” para su mentor Fidel, quien por fin pudo tener un aliado político directo en la región, sabiendo que esto seria una llave que abriría muchas puertas y compraría mas que una voluntad. Como la frase popular que dice que el discípulo supera al maestro, así lo fue en el caso de Hugo Chávez Frías quien desde su asunción en 1999 estableció una Asamblea Constituyente para cambiar la constitución: le dio un carácter no solo multicultural sino multiétnico. Por otro lado nacionalizó algunas empresas privadas, lo que creo fricciones con algunos sectores privadores como Sidor Argentina. En base a estos indicadores podríamos decir con certeza que en pleno siglo XXI, Venezuela es un país socialista hecho y derecho. Y para seguir el legado, Chávez empezó a expandir sus políticas alrededor de la región, logrando así un grupo de estrechos seguidores, como Evo Morales en Bolivia o Rafael Correa en Ecuador.

Llegado este punto nos encontramos con que para analizar el mapa de la región nos debemos centrar en las políticas socialistas de Chávez y su persona como variable central y causal del presente diseño político regional. Ya que desde aquí partiremos para diagramar la estructura política del Cono sur.

En general, las alianzas se establecen no solo para llevar a cabo acciones conjuntas, sino más bien para unirse en contra de un enemigo común. Para ejemplificar este concepto, podemos basarnos en la unión que intenta hacer Chávez con sus pares en contra del histórico adversario continental: Estados Unidos. Remitiéndonos a Carl Schmitt podemos basarnos en su lógica de amigo- enemigo para entender la estrategia chavista. La misma expone que  la distinción de amigo – enemigo es la de indicar el extremo grado de intensidad de una unión o de una separación, que puede subsistir teórica y prácticamente sin que, al mismo tiempo, deban ser empleadas otras distinciones, como la moral, ya que no hay necesidad de que el enemigo político sea malo. De modo que el enemigo es en forma clara el otro que está en contra de mi posición y punto. A esta definición la podemos ejemplificar con citas tales como la que expresó Evo Morales “Estamos acá incorporándonos a esa lucha anti-neoliberal y anti-imperialista” o como manifestó sin tapujos  Chávez “Washington y sus aliados representan el eje del mal; nosotros somos el eje del bien”. No es un dato menor que desde 2007 y 2008 ambos países están en la “Black List” del Departamento de Estado, gestión que ejecutó George W. Bush por considerar que ambos no estaban dispuestos a cooperar en la lucha contra el narcotráfico.

Con enunciados como estos fue que se empezó a tejer la telaraña donde conviven la mayoría de los presidentes progresistas latinoamericanos hoy en día. Ahora bien ¿sirve estar dentro de la misma?

La Gran Colombia

El gobierno de Rafael Correa intenta ser un gobierno refundador, que quiere comenzar todo de cero en todos sus ministerios y áreas de trabajo, como en el Área de relaciones exteriores. Desde su asunción, Cancillería fue y es uno de los Ministerios más criticados por el presidente. De hecho, en reiteradas ocasiones se ha expresado en pésimos términos sobre sus funcionarios, al punto de calificarlos como “momias cocteleras”. Esto se debe a que el primer mandatario considera que Cancillería debe someterse a las orientaciones de la política exterior fijadas por él y no actuar como si fueran ellos quienes definen los intereses de Ecuador en el campo internacional. Para lograr ese objetivo el presidente quiere reformar la Ley de Servicio Exterior para aumentar la cuota política. Lo que provocaría que tanto el vicecanciller como otros directores del Ministerio de Relaciones Exteriores sean funcionarios de libre remoción.

En teoría, Correa plantea una política exterior pragmática, como lo demostró en sus relaciones con Irán, cuestionadas en la región, y sobre todo para los altos funcionarios del Departamento de Estado norteamericano quienes, mediante Arturo Valenzuela, hicieron llegar su preocupación acerca de las relaciones con el país de mayoría chiíta. Sobre esto Correa envió como respuesta el pasado mes de abril la siguiente afirmación: “Ecuador tiene la disposición de mantener relaciones de amistad con todos los países del mundo. Si eso implica venderle más banano a Irán, mejor”. Ahora bien, limitándonos a esta declaración supondríamos que la relación con Irán implica solo un provechoso interés comercial. Aunque teniendo en cuenta los intensos acuerdos que mantiene con Chávez para garantizar un piso de reservas que le dé un amplio margen de maniobra es difícil creer que su política exterior este libre de consideraciones ideológicas, mas sabiendo que Estados Unidos y la Unión Europea no son mercados para nada prioritarios para el país ecuatoriano. Si bien el año pasado el mandatario consiguió la reelección de su partido  Movimiento País hasta 2013 con el 52% de los votos, sigue apaleando problemas estructurales muy profundos. Por ejemplo, la difícil tarea de mantener la dolarización que garantizó la estabilidad económica estos últimos años, pero que a su vez golpeó a las pymes y dejó al Estado con una precaria política monetaria y cambiaria frente a los embates de la crisis global. Asimismo tiene el desafío de regularizar el déficit comercial y fiscal causado por la gran expansión que debió darle a la inversión social para disminuir el desempleo. Esta medida de carácter populista es distintivo de gran parte de los gobiernos de la región. También lo es la mantención ficticia del desempleo, ya que la mayoría de los ocupados son en realidad subempleados o empleados en negro.

Al principio, al hablar del grupo de países alineados a las políticas de Estados Unidos nos estábamos refiriendo a Chile, Colombia, México y Perú. Colombia siempre le otorgó una importancia especial a su relación con el país hegemónico. Desde hace décadas su cancillería insiste en las negociaciones para la firma del TLC con Estados Unidos, cuestión que según ellos es viable. Sin embargo, y a pesar de la infinidad de promesas, el TLC con Colombia no forma parte de la agenda, y no se demostró real interés en la consecución del mismo. Pero si colabora en términos financieros y militares en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.

Quien esta en contra de esta relación es el mandatario bolivariano quien considera que la presencia estadounidense en las bases colombianas tiene la intención de desestabilizar su gobierno (dada la frontera que comparten), a lo que Colombia respondió que el acuerdo firmado con Estados Unidos pertenecía a una decisión de política interna y soberanía estatal.

El Cono Sur, arriba

Néstor Kirchner llegó al poder en Argentina, en medio de una crisis económica y política que puso al país al borde del precipicio. Su vínculo con Chávez permitió que se lograra  la compra de la deuda externa argentina por parte del gobierno venezolano, además de otras muchas inversiones, lo cual salvo el sistema económico argentino pero, en simultáneo, la ató aun más en términos políticos con el Palacio de Miraflores. Al asumir

Cristina Kirchner, quien optó por seguir la misma línea que su marido, consolidó no solo  la presencia de centro-izquierda en Latinoamérica sino también su postura a nivel hemisférico a favor de toda política bolivariana.

Dirigiéndonos hacia la región andina, podemos notar que en Bolivia la dinámica ingerencia de Chávez en los asuntos internos genera cada vez más malestar. Sobre todo por los recientes acuerdos energéticos y económicos bajo el eslogan “La sabiduría de los pueblos marca el camino”, que tienen el fin de  refinación, almacenamiento, distribución, transporte y comercialización de hidrocarburos para abastecer el mercado boliviano y la exportación de excedentes a los países del Alba. Por ello es que parte de la opinión pública boliviana ve con cierto recelo este acuerdo. La realidad es que todo lo que tenga que ver con Chávez genera sentimientos encontrados no solo hacia él sino también hacia Morales quien es criticado por su falta de autonomía a la hora de tomar decisiones.

Recordemos que la popularidad de Evo Morales decayó no solo por la crisis política e institucional crónica en que se encuentra sumergido su país, sino también por hechos muy concretos que vienen sucediendo de años anteriores como la masacre de Pando y la prisión del dirigente opositor Leopoldo Fernández, lo cual no es positivo a la hora de pensar en una posible reelección del Movimiento al Socialismo (MAS). La segunda fuerza es el Movimiento Sin Miedo (MSM), que hasta diciembre del año pasado fue aliado del gobierno. Hay que recalcar que Bolivia sufrió continuos golpes de Estado, inestabilidad que no terminó una vez establecida la democracia, ya que los ganadores lo hacían con partidos que ganaban con veinte, o menos por ciento.

Mas allá de lo controvertido que puede ser Morales por sus decisiones, o falta de ellas, la realidad es que él si logró brindar estabilidad institucional y electoral a los 5,05 millones de ciudadanos habilitados para votar. A partir de su asunción en las últimas elecciones provinciales ganó en la mayoría de las regiones.

A diferencia de los gobiernos de Argentina, Bolivia y Ecuador, quienes convergen sus políticas exteriores con Venezuela, los gobiernos de los dos países más chicos del Cono sur, Paraguay y Uruguay, supieron marcar límites cuando era necesario.

Uruguay no se vio exento de los procesos internacionales acaecidos desde el año pasado como la crisis financiera internacional, el cambio de presidencia en Estados Unidos y el golpe de Honduras, el cual repudió con enérgica fuerza.

Siguiendo el sesgo político de Tabaré Vázquez, Mujica trata de mantener excelentes relaciones con estados Unidos en pos de dinamizar las negociaciones para alcanzar un futuro TLC. De lograrse, daría a Uruguay mayor peso en los organismos internacionales a los cuales pertenece, como el Mercosur sobre el cual tiene reticencias por las asimetrías en términos económicos y comerciales que se dan al interior del bloque.

La figura del ex Obispo de San Pedro, Fernando Lugo viene a completar una línea ideológica de la izquierda a nivel regional, que comenzó con Hugo Chávez, Rafael Correa y Lula Da Silva. Su ideología se plasmo en base a una serie de reformas tanto a nivel interno como externo, con el objetivo de derribar al viejo modelo de gobierno e instaurar uno nuevo, en el cual lo social, político y económico vayan de la mano, de forma tal que todos los paraguayos puedan obtener sus beneficios de forma más equitativa. El mandatario lo ratificó cuando a meses de asumir declaró: “Paraguay tiene el gran desafío de empezar a desarrollar un proceso propio. El objetivo es ir plasmando un modelo de desarrollo y de gobierno diferenciado dentro del marco de la integración de la región”.

Corrupción en las instituciones; fuerte  clientelismo; conflictividad interna e inseguridad son uno de los tantos indicadores que conforman la profunda crisis estructural de Paraguay. Por ello Lugo llevó a cabo reformas, en la Justicia, con la Reforma de la Corte Suprema de Justicia; el Estado, en materia económica, con la Reforma Agraria. La economía en Paraguay es una de las únicas en Latinoamérica que nunca pasó por largos periodos hiperinflacionarios; pero al mismo tiempo tiene uno de los PBI per cápita más bajos de la región.

Cruzando las variables de política exterior y economía se puede atender a una de las medidas más cruciales a las cuales apunta Lugo: lograr la soberanía energética. Una vez lograda cambiaría la estructura macroeconómica del país y fortalecería a Paraguay dentro de los grupos regionales a los cuales pertenece (Mercosur, Unasur).

La principal riqueza natural del país, luego de la soja y la carne, es la energía hidroeléctrica. De modo que es necesario solucionar el problema suscitado con las represas de Yaciretá (con Argentina) y de Itaipú (con Brasil). Los respectivos tratados constitutivos de ambas represas se consideran asimétricos para el gobierno de Lugo, por lo que El intenta renegociar algunas de las cláusulas para aumentar sus beneficios, postergados a su nación desde la firma de los mismos. En la negociación por la represa de Itaipú con Lula da Silva, el principal problema es que la deuda existente con Brasil ha despojado al país guaraní del uso de su soberanía energética. Paraguay solo consume un 5 % de la energía producida, y está obligada a vender al gobierno brasilero lo restante de la producción a precios muy inferiores a los establecidos en el mercado mundial. El gobierno paraguayo en las sucesivas negociaciones, ha pedido ciertas reivindicaciones al país carioca como un precio justo para la energía que le es cedida a Brasil, la revisión del pasivo de Itaipú, la disminución de la tasa unitaria aplicada por Electrobras, la alternancia en administraciones técnicas financieras, la participación de organismos de control en entidades binacionales y la terminación de las obras pendientes.

Este conflicto energético ha generado mucha tensión entre ambos países, a lo cual Paraguay advirtió que de no darse una pronta resolución, no se daría el apoyo al país vecino en el Consejo de Seguridad de la ONU. Al mismo tiempo, en modo de “represalia” Brasil tomó perjudiciales medidas sobre el comercio de una de las principales fuentes económicas paraguayas: poner trabas comerciales que obstaculizan el comercio en la ciudad fronteriza de Ciudad del Este.

Adentrándonos al país carioca, es necesario enmarcarlo en la obviedad actual que lo caracteriza como una potencia emergente con mucha fuerza y con grandes posibilidades de proyección a nivel global. Esto es cierto pero también lo son las falencias sociales con las que cuenta: pésima distribución de la riqueza, desempleo, analfabetización, pobreza. Temas que no son menores. En el último ranking de IDH, realizado a partir del índice de Gini, Brasil figura en el puesto numero 75 como país con “desenvolvimiento humano elevado” debajo de Cuba, Argentina, Rusia, Costa Rica. No obstante, hay que agregar que a partir de la presidencia de Lula a los sectores más bajos se los tuvo más en cuenta, hecho que se notó en la última encuesta de popularidad que le dio 67% de imagen positiva.

Según lo informado por la Cepal  la crisis internacional interrumpió la trayectoria de crecimiento que se registraba de forma continua en Brasil desde 2003. Entonces, se tomaron medidas anticíclicas tales como las inversiones directas y los cambios en las legislaciones haciendo del mercado interno el factor principal para hacerle frente a dicha crisis, lo cual logró aspectos positivos.

La dimensión política de Brasil está sumida en las elecciones presidenciales de septiembre. Este evento cívico es  un desafío para toda la arena política, en particular para el actual presidente que por supuesto trabaja para la continuidad de su partido, Partido de Trabajadores (PT), en el Ejecutivo Nacional. Dejar de lado la figura carismática de Lula para fortalecer el PT es una cuestión que debe lograrse.

Brasil va por diferentes senderos a nivel domestico e internacional estando desfasados uno de otro. Si bien el gobierno de Lula realizó y avanzó mucho en los cambios internos, hay muchos baches todavía por resolver en el ámbito social.

Es cierto que se han alcanzado cantidad de avances a nivel internacional en lo que a política exterior respecta, pero más cierto es aun que fueron conseguidos en detrimento de beneficios internos.

Si en algo se caracteriza la política exterior de Brasil es en su rol activo e intento de liderazgo regional, su multilateralismo y su pragmatismo. Esta última es una de las características más importantes que impulsa a su país a tener diversidad ideológica en cuanto a sus aliados estratégicos. Tiene un espectro político que oscila entre  Estados Unidos, Francia, Venezuela o bloques de economías emergentes como la Unión Europea o la Unión Sud Africana. Además esta en situación de reclamo respecto a la modificación de organismos multilaterales, como el reclamo por la ampliación del Consejo de Seguridad de la Onu dentro del cual Brasil quiere estar en forma permanente.

Estados Unidos fue y es un socio estratégico del gobierno de Lula, quien trata de colocarse en el lugar de mediador entre la hegemonía del norte y Latinoamérica para verse como “el elegido”: Quizás lo sea. Aunque el año pasado cuando Lula solicitó a Obama que fuera a la Cumbre de Unasur donde se trataba el tema de las bases militares estadounidenses en Colombia, este hizo oídos sordos.

De todas formas, Brasil mira con cierto recelo a Estados Unidos y no comparte por ejemplo la securitización de su agenda, que contiene la presencia del país del norte en el Amazonas.

El nuevo

En Chile hay una línea ideológica similar a la de Colombia. Atrás quedaron los tiempos “progresistas” cuando Michelle Bachelet organizaba la Cumbre de Lideres Progresistas de Centro Izquierda. Con la llegada de Sebastian Piñera de sesgo político neoliberal, conservador y de derecha. El nuevo mandatario luego de jurar se dedico a la reconstrucción de su país tras el devastador terremoto del 27 de febrero que causó daños a la infraestructura, las empresas y los hogares por unos 30 millones de dólares. El flamante primer mandatario trasandino ya anunció un plan de austeridad, disponibilidad de ahorros y un mesurado pedido de créditos para paliar las pérdidas ya mencionadas. No obstante, las encuestas dicen que aunque hay esperanza entre los ciudadanos, se percibe también cierta desconfianza en los nombramientos que hizo el presidente. Eligió muy pocas figuras de carrera política y se inclinó, por exitosos empresarios, algunos muy cuestionados antes pero mucho más ahora por provenir de rubros desprestigiados en Chile como la industria de la construcción.

Frente a la coyuntura del país andino es imperioso que Piñera consiga una combinación de éxitos urgentes, sobre todo en rubros como salud, educación y economía.

En el área de política exterior, junto a 24 tratados de libre comercio y numerosos acuerdos comerciales, una de las herencias que le dejo la Concertación a Sebastián Piñera es la demanda marítima peruana por aguas territoriales chilenas en el norte del país. Lo cual es un dolor de cabeza para Chile que deberá presentar la contramemoria ante la Corte Internacional de Justicia (la Haya) a la espera de un fallo que incluso se daría a conocer después de que Piñera dejara el poder. No obstante al asumir el nuevo presidente hubo un impasse con el presidente de Perú, Alan García, quien le mando una carta de felicitación donde expresó su plena predisposición al dialogo. Esta claro que por lo menos con los gobiernos de Colombia y Perú, el gobernante chileno tendrá una muy buena relación por sus compatibilidades ideológicas. No así con Bolivia, Ecuador y mucho menos con Venezuela de quien ya se descargó Piñera declarando “Tengo muchas diferencias con la forma en que se están manejando los temas públicos en Venezuela. Quiero decirlo con mucha claridad: esas diferencias son profundas y tienen que ver con la forma en que se concibe y practica la democracia, con la forma en que se concibe el modelo de desarrollo económico y muchas más”.