LOS GOLPES QUE NO SE VEN

Esos golpes que no se ven, son parte de lo que se conoce como violencia psicológica, concepto que se utiliza para referirnos al acto de agresión verbal que da como consecuencia un tipo de daño a nivel psicológico y emocional; este tipo de violencia, desgraciadamente es muy común entre las parejas, y es de acuerdo a los especialistas, una de las peores, ya que hiere en las partes más vulnerables de la víctima, ahí donde se siente más débil.

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Hace una semana me hizo el más reciente desplante. Me arreglé, juro que me veía bien; puse la mesa y yo misma preparé la cena. Quería sorprenderlo y ¿Sabés lo que me dijo cuando llegó? Que no era más que una ridícula, que me veía gorda y que me había maquillado como una mujerzuela”.

“Elena” no pudo contener sus lágrimas cuando me confesó lo que le había ocurrido. El desplante más reciente –como ella lo nombra– fue el acontecimiento que la orilló a tomar la decisión más importante de su vida hasta ese momento. En una cafetería, ella me lo dijo: “me voy a divorciar”. Yo no lo sabía, nadie siquiera podía imaginarse que “Elena” hubiera sido víctima durante 10 años de maltratos, de vejaciones y humillaciones. Quién se iba a imaginar que esa mujer profesionista que se mostraba tan fuerte y tan feliz, era sobajada y golpeada todos los días, sí golpeada.

“Esos golpes no se ven. Llegó un momento en el que me miraba en el espejo y no me reconocía, yo me preguntaba ¿En verdad estoy tan fea, tan gorda? Por muchos años yo creí eso, y entonces comencé a pensar que mi marido me hacía el favor de estar conmigo”, me confesó.

A nadie le dijo que era infeliz; su familia, sus amigos, nadie lo sospechó. “Elena” vivió sola la amarga experiencia de tener a su lado la voz constante de un marido repitiéndole que era poca cosa. Después de unos años, ocurrió lo inevitable: “Un día, una mujer llamó a mi casa, su voz era como la de la típica muchacha fresca. Me dijo que era amante de mi esposo, que él ya no me deseaba y que pronto me dejaría porque sabía que inclusive, él ya no deseaba tener intimidad conmigo, lo cual era cierto”.

“Elena” entonces pudo sospechar que se trataba de una mujer joven, pero le dio miedo investigar más… Pasaron los años.

A pesar de que no siempre va ligado a la violencia física, lo más común es que el agresor comience por el maltrato psicológico de su víctima y acabe golpeándola, creando así una maraña de violencia de la cual es difícil sobreponerse.

Este tipo de violencia tiene caldos de cultivo muy diversos. No hay edad, tipo de relación o nivel socioeconómico que se libre de este fenómeno social. Ejemplo de esto, es el caso de “Viridiana”, una mujer de origen peruano que contrajo matrimonio con un empresario en Panamá. Ella ahora es divorciada, sin embargo, durante 25 años vivió sometida al yugo de un hombre que por su poder económico, sentía que tenía el derecho de manipular la dignidad de su esposa: “Mentira, es mentira que solo en los estratos de la clase baja se de la violencia. No sé si sea mayor, menor, o diferente, pero entre los ricos, es muy común. Las esposas de adorno sufren, y mucho”, opina.

A sus 50 años, ella no puede olvidar todo lo que vivió al lado de su marido. El alcoholismo, algunos pasajes de violencia entintados por la drogadicción, los jaloneos, los gritos, son unas de tantas cosas que la llevaron al sillón de un terapeuta. “Me costó trabajo dejar de pensar que yo era fea y estúpida, y que por eso me merecía que incluso frente a mí, él se encerrara en nuestra habitación para tener relaciones sexuales con sus empleadas cuando estaba borracho. Mucho tiempo tuve pesadillas, incluso, tenía miedo de enfrentarme al mundo, porque siempre viví de lo que él me dio”.

Me atrevo a afirmar que en algún momento de nuestra vida de pareja, todas las mujeres hemos pasado por un episodio de violencia psicológica. Recuerdo que mi primer novio me elegía la ropa, lloraba cuando no le contestaba el teléfono, e incluso amenazaba con “dejarse morir” si yo decidía terminar la relación. Nada de eso pasó. Él se casó, tuvo hijas, se divorció, y su vida parece tranquila, lo que me llena de gusto.

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Todas las mujeres con las que he platicado sobre el tema de la violencia psicológica, llegan a la misma conclusión cuando logran superar la mala experiencia: “Pensamos que no será posible dejarlos porque nos acostumbramos al maltrato, pero cuando finalmente tomamos la decisión, NO PASA NADA”. Por el contrario, la vida se ilumina con nuevos colores.

La psicóloga Laura Fátima Asensi (2008), clasifica a la violencia psicológica en los siguientes tópicos:

1. Abuso verbal: Rebajar, insultar, ridiculizar, humillar, utilizar juegos mentales e ironías para confundir, poner en tela de juicio la cordura de la víctima.

2. Abuso económico: Control abusivo de finanzas, recompensas o castigos monetarios, impedirle trabajar aunque sea necesario para el sostén de la familia, haciéndole pedir dinero, solicitando justificación de los gastos, dándole un presupuesto límite, haciendo la compra para que ella no controle el presupuesto, etc.

3. Aislamiento: Control abusivo de la vida del otro, mediante vigilancia de sus actos y movimientos, escucha de sus conversaciones, impedimento de cultivar amistades, restringir las relaciones con familiares.

4. Intimidación: Asustar con miradas, gestos o gritos, arrojar objetos o destrozar la propiedad, mostrar armas, cambios bruscos y desconcertantes de ánimo, el agresor se irrita con facilidad por cosas nimias, manteniendo a la víctima en un estado de alerta constante.

5. Amenazas con: Herir, matar, suicidarse, llevarse a los niños, hacer daño a los animales domésticos, irse, echar al otro de casa.

6. Desprecio y abuso emocional: Tratar al otro como inferior, tomar las decisiones importantes sin consultarle, utilización de los hijos, se la denigra intelectualmente, como madre, como mujer y como persona.

7. Negación, minimización y culpabilización.

Todos estos actos fueron parte del sometimiento que “Elena”, “Viridiana” y muchísimas mujeres más, han vivido a lo largo de sus relaciones. Escapar de la violencia psicológica no es cosa sencilla, pero tomar una decisión que va a mejorar la vida, es lo que da la fuerza para decir nunca más.

“Viridiana” no pudo decirlo mejor: “Tardé muchos años para abrir los ojos, fueron muchos años en los que mi autoestima se redujo prácticamente a nada, pero cuando desperté me di cuenta de que debía tomar las riendas de mi propias decisiones y entonces, me separé. No, no odio a mi ex marido, porque gracias a él, sé exactamente lo que no quiero en mi vida”. “Elena” también cierra el tema con una maravillosa frase que dice lo siguiente: “Sé que tiene a su amante, pero ya no es cosa mía. Solo puedo pensar en lo que viví y que será de mi vida después de que firme el acta de divorcio”.

“Pensamos que no será posible dejarlos porque nos acostumbramos al maltrato, pero cuando finalmente tomamos la decisión, NO PASA NADA”

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Lic. Ciencias de la Comunicación, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (UPAEP), Maestría en Comunicación Estratégica (UPAEP), Becaria CONACYT. Catedrática de Lengua y Pensamiento Crítico, Reportera de varios medios especializados como el Noticiero Internacional Enlace Puebla, Televisa Puebla, La voz de Puebla, La jornada del oriente. Fue Coordinadora de relaciones públicas, imagen institucional y enlace con medios en la Secretaría de seguridad pública y tránsito municipal. @MRojasEscritora